Las reflexiones de Dworkin (y 3)

10 octubre, 2009

Entiendo, desde luego, que esta propuesta está plagada de dificultades políticas posiblemente insuperables. La selección de los textos sería intensamente polémica, y sin duda grande el peligro de manipulación por parte de los grupos políticos o religiosos locales. Mucho más fácilpara todos – los consejos escolares, los directores de centros y, particularmente, los profesores – sería que no se intentara nada de este tipo. Pero estamos estafando inexcusablemente a nuestros hijos si la educación está tan alejada de las cuestiones políticas que permitimos la continuidad de la nación pero sólo con apariencia democrática. La idea de que la educación pública es una escuela para la democracia no es en modo alguno nueva: latía en el centro de la filosofía educativa de John Dewey, tan enormemente influyente. Lo nuevo de esta propuesta es sólo la especificidad en cuanto a contenidos y su intensa ambición; pero ésta viene informada solamente por una opinión más realista de lo que necesita una auténtica democracia y el precio que pagamos en legitimidad mientras no lo suministremos.

Ronald Dworkin, “Diseño inteligente, juramento de lealtad y matrimonio homosexual”, Claves de Razón Práctica, nº. 167, 2006

Sin embargo judicial, algunas personas se desconcertan al tratar de obtenerlo remedios en l

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9 comentarios en “Las reflexiones de Dworkin (y 3)”

  1. queda un poco triste q un blog de debate filosófico carezca de comentarios en su buzón. a fuer de hacerme pesado, volveré a comentar algo ahora q ha acabado la serie de Dworkin.

    como ya dije, esto se parece mucho a la Ética que ya tenemos. en USA tenía entendido de que existe algo similar, aunq a un nivel más básico, tipo Ciudadanía aquí, llamado “US Values”.

    esto de que nada existe, de q les estamos hurtando algo muy valioso a los pobres chicos y legitimante (¿para quién?), me suena a lo que se quiso hacer aquí con la Ciudadanía y la Filosofía, y por tanto me suena horrores, nunca mejor dicho.

    la fecha del artículo (año de infamia), su revista de publicación (en claro declive), en fin.

    entrando pues en materia, más allá de q algo de esto en forma de Ética o cosas parecidas ya exista, y me parezca prima facie bien, me parece que Dworkin no obstante equivoca el blanco, sobre todo cuando en primer lugar se muestra equidistante -”aportando argumentos tanto liberales como conservadores”- y luego pone la carga de la prueba en lo q se supone q son los argumentos conservadores, simplistamente identificados con no al matrimonio homosexual y sí al diseño inteligente. ¿es una buena manera de empezar a enseñar algo de política en su amplio sentido simplificar hasta la caricatura lo que es el más complejo arte del ser humano? ¿por qué la carga de la prueba ha de recaer sobre los alumnos supuestamente conservadores y no sobre los jueces de NY y Massachusets?

    esto, para empezar, deslegitima bastante su planteamiento. pero en fin he dicho q estaría de acuerdo en una asignatura así más o menos, y q esto ya existe, en la Ética o en la misma Filo. pero tengo una segunda objeción: no se trata de infravalorar la capacidad reflexiva q a su corta edad pueda tener ya un chaval/a de pongamos 15 años. se trata de qué es lo que tiene q aprender primero, y si hablamos de aprender a aprender, qué es lo que hay que enseñarle que tiene q aprender primero (si hablamos de esencias y no de apariencia, precisamente). a un chaval de 15 le falta información y experiencia para dictaminar al nivel de un juez -a estos a veces tampoco es que les sobre- sobre estos asuntos. plantearlo, entonces, en términos “temáticos” o “casuísticos”, como platos de un menú, o atracciones de un parque temático, o anécdotas de vecindario, me parece que tiene siempre un resultado banal, cuando no castrador o moralizante en el peor sentido -para eso ya están los curas si alguien los necesita. además, en Europa comentar sentencias judiciales como material de estudio puede resultar inapropiado, pues aquí no tenemos una jurisprudencia pragmática al estilo de USA, sino para empezar una Constitución que parece más bien un reglamento de régimen interno salvo en sus primeras partes. entonces, como ya se produce habitualmente en la política profesional, los procesos y sentencias judiciales judicializan los asuntos sin más margen, precisamente, de reflexión ética o política, que es el opuesto contrario a la moralina del decálogo de la buena persona en q algunos convierten la Ética y la educación en general. en USA esto se produce menos, porque las sentencias aunq sean de cosa juzgada pueden cambiar radicalmente en el tiempo en función del tiempo y de la política. ahora podemos leer sentencias del TC del año 83 o 94, pero en ningún caso en una democracia estas sentencias podrían convertirse en algo superior a la misma Constitución, en algo más eterno que la misma democracia instituida en la Constitución. sin embargo, en España invocar una sentencia del TC, tanto si se ha aplicado bien como mal, es de entrada invocar algo q está por encima incluso de la letra y el espíritu concreto y real de la Constitución. en Usa lo q se incorpora a una Constitución cambiante a partir de su núcleo duro, lo q se incorpora a su Constitución son enmiendas, no sentencias, aunq estas enmiendas surjan del conflicto político relacionado obviamente con casos de justicia (jurisprudencia). por aquí está el peligro de la politización de la justicia (hasta donde la justicia y la misma política lo puedan soportar), pero es casi peor la judicialización de la política, precisamente porque anula todo debate sobre principios y valores ético-políticos.

    finalmente quiero decir unas cosas sobre los “ejemplos” planteados por el profesor Dworkin. son ejemplos de banalidad política fruto de años de posmodernidad ideológica. espero que nunca se escriba en la Constitucíón estadounidense que hay que enseñar a Darwin y q la unión de parejas del mismo sexo es un matrimonio como el de las parejas de diferente sexo. se trata de una banalidad meramente lógica, para empezar, típica de la ideología de la diferencia, de la identidad del nacionalismo (incluida “la nación gay”), del positivismo, de la “igualdad final”, etc., q lo que asume con dificultades es precisamente la esencia y el valor de la democracia q el profesor Dworkin dice q es una obligación transmitir.

    la educación -no solo la escolar, y menos solo la de un laboratorio privado con un número de alumnos reducido (yo fui a una escuela de estas)- es maestra de la democracia, pero como la complejidad de una verdadera democracia exige, la escuela -la clase, el aula- no es un parlamento ni una tertulia ni siquiera un meeting, y menos la antesala de un juzgado.

  2. Vaya. Algunas razones que esgrime Dworkin contra la posibilidad de instaurar una materia de filosofía política en educación son las que han producido la desaparición de los contenidos filosóficos en nuestro país. La manipulación política de la educación, de todos modos siempre ha existido, solo que ahora es más evidente.

    Dworkin parece considerar además que no exista algo así como un profesional de la materia en cuestión, siendo la política lo propio de todo ciudadano, y por lo tanto, practicable por cualquier profesor y, por extensión, por cualquiera en general. Tal vez porque los americanos carecen de facultades de filosofía como tal, sumado a las diferencias en el sistema educativo.

    Un texto interesante de todos modos, a pesar de las distancias. Podríamos hacer toda una recopilación!

  3. “¿los americanos carecen de facultades de filosofía como tal”? ¿¿¿???

  4. Vale vale, no quería decir eso así, mil perdones… no se sientan ofendidos los yankis: que sí, que tienen filósofos la mar de lustrosos y unas facultades que son cosa fina.

    El único eco que despierta mi comentario…

  5. las mejores, como la filosofía estadounidense es la mejor desde finales del siglo XIX. estoy impaciente por dar mi charla sobre pragmatismo en el Grupo de Trabajo, pero así como adelanto: la obra de Pierce, el desarrollo de la psicología con James, la obra de Dewey, todo esto en el noreste, y la obra de Royce en California -Royce era hijo de minero de los 49ers- y la de Mead en Chicago -primero junto a Dewey- son cotas que la filosofía se creía falsariamente haber alcanzado con Kant-Hegel y que han sido superadas precisamente por el pragmatismo. (como a Descartes ya lo superó Spinoza, pues quizá Spinoza es el único filósofo aun no superado, entre otras cosas porque apenas lo conocieron. lástima que Peirce se pusiera al final de su vida “en algún lugar cercano a Leibniz”). de entre los europeos, Whitehead y Wittgenstein -el segundo- aparecen a un parecido nivel. salvo porque es desconocido y hoy básicamente material para nostálgicos desorientados del izquierdismo, Castoriadis -su obra filosófica- estaría en ese escalón también, pero en verdad se parece mucho en cosas a Pierce y en otras a Mead.

    lo demás puede ser muy bueno, pero está un escalón más abajo.

    por cierto, dos de las figuras recientes más destacadas de la filosofía estadounidense son mujeres y profesan en territorio antes comanche para la filosofía en USA, ahora ya conquistado: Rosenthal en Nueva Orleans, tocando Texas, en una universidad jesuita (al menos de nombre “Loyola”), que es discípula de C. I. Lewis, quien a su vez mezcla Pierce con Dewey, y q está interesada en la fenomenología europea (Merleau-Ponty, Heidegger); y Haack, q en realidad es inglesa y no yanqui, q profesa en Miami, Florida, en un departamento de filosofía del derecho si no digo mal, y cuya obra más conocida es aquello de la “fundherencia”, teoría conjunta sobre el fundamento y la coherencia del conocimiento.

    además están los Rorty, Putnam, etc.

  6. ¡Que continúe la fiesta¡ Aunque por continuarla nos caiga, de nuevo, otro chaparrón. Al fin y al cabo, como dicen algunos, el padre fundador de la tradición filosófica fue un señor para el que “todo es agua”.
    Continuemos la fiesta planteando una pregunta. Suponiendo que Ángel no desconoce la existencia de las facultades de filosofía norteamericanas ¿qué es lo que quería decir cuando afirmó aquello de “los americanos carecen de facultades de filosofía como tal”?

  7. qué es lo que quería decir. muy bien. suponiendo eso. qué quería decir. algo oculto? algo muy profundo? algo que se nos escapa al resto de mortales?

    “todo es agua” no, el “arkhé” es el agua. un principio físico o cosmológico. hablamos de Tales de Mileto, no de Fu Man Chú.

  8. Pues si el “arkhé” es el agua, entonces todo es arkhé. Lo mismo da que da lo mismo.

  9. a mí no me da lo mismo. el problema no es ese, el problema es que los principios de la física no son físicos, son intelectuales, científicos, meta-físicos. no hay leyes de la naturaleza o leyes naturales, hay “leyes” (mejor dicho, principios) de explicación de la naturaleza. y estas leyes o principios, porque son intelectuales y no físicos, tienen un componente importante de convención. Demócrito, mejorando a Tales y compañía.

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