Steve Jobs y la filosofía

9 octubre, 2011

La noticia recorrió las ‘redes sociales’ con celeridad el miércoles. ‘Google’ también colocó en su página inicial un aviso. ‘Yahoo’ o  ‘MSN’ hicieron lo propio y al final todos los informativos recogieron la noticia de una u otra manera. Al final del día todos los usuarios de internet del mundo, oyentes de radio o ‘audientes’ de televisión sabían que Steve Jobs había muerto.

Visionario, gurú, o incluso sacerdote de la religión ‘Apple’ han sido expresiones que se han utilizado para definir a este empresario, peculiar. Pero este hombre no solo cofundó una compañía que en la actualidad ya parece haber superado a ‘Exxon’ en importancia, y eso es tanto como decir que es la número 1. También, como es bien sabido, creó ‘Pixar’, una reputada compañía de animación digital que ha sido la vaca sagrada de la industria del cine en estos últimos años y a la que solo le resta conseguir un Oscar a mejor película -no de animación- para su completa consagración (ya casi lo consiguió con ‘Up’). Este hombre, en definitiva, ha sido capaz de introducirse, mover e incluso emocionar las conciencias de millones de personas de un modo novedoso que tal vez ahora solo estemos comenzando a vislumbrar. Porque Steve Jobs no solo fue un hombre de negocios, sino una especie nueva de intelectual sobre la que debemos pensar seriamente.

Su celebérrimo discurso en la Universidad de Columbia Stanfod es uno de los vídeos más vistos en ‘Youtube’ (10.337.205 de veces en la versión americana, y 27.69.620 en la versión subtitulada en español; aunque no todas visualizadas completamente, como indican las estadísticas). Y ese discurso, se comprenderá al fin, es filosofía. O al menos es algo por lo que la filosofía se tendría que sentir concernida, aunque sea solo porque ha llegado a oídos de más gente de la que libros como los de Platón o Montaigne llegarán jamás. En realidad, se podría decir que los ‘iGadgets’ son una extensión material de esa misma ‘filosofía’ que literalmente millones de personas comparten con complacencia hedónica. Como una antigua cruz cristiana que ha sido sustituida en una nueva era, el mercado pletórico tiene hoy su propio ‘iCon’.

Las preguntas que surgen de todo este escenario entre delirante y psicótico podrían dar para mucho. Sin embargo, lo cierto es que no se lee con frecuencia a nadie que desde la filosofía se aproxime a los ideólogos del presente, como el propio Jobs. Y la cuestión última que cabría plantearse es ¿dónde se encuentran las ideas del presente?, ¿dónde se producen éstas? ¿Dónde, en definitiva, están las filosofías ejerciéndose en la actualidad? Puede que más que en los poseedores del ‘capital filosófico’ oficial, el pensamiento influyente y definidor del presente se encuentra más en personajes como Steve Jobs que en autores como Žižek o Nussbaum, por citar dos filósofos vivos reconocidos mundialmente. No obstante, nadie consideraría a Jobs como un ‘verdadero filósofo’.  Pero si leemos los diarios de tirada nacional, todos han acabado reproduciendo frases como:

Acordarme de que voy a morir pronto me ayuda a tomar las decisiones.

Nadie quiere morir. Incluso la gente que quiere ir al cielo, no quiere morir para llegar allá. La muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y es como debe ser porque la muerte es muy probable que sea la mejor invención de la vida.

La filosofía se definió hace mucho tiempo como una preparación para la muerte. “Los que filosofan en el recto sentido de la palabra se ejercitan en el morir” (67e). Ésa es ni más ni menos la sentencia de Platón en el diálogo Fedón. Añadiendo que los filósofos “son los hombres a quienes resulta menos temeroso el estar muertos”. Así que la cercanía con la filosofía son evidentes, pero ¿es verdadera esta aproximación?

Si los que se dedican profesionalmente a la filosofía no localizan las ideas de ese presente efímero que se manifiesta entre ‘trademarks’ como ‘Apple’ o ‘Adidas’, compañías como ‘Moody’s’ o personajes como ‘Strauss-Khan’, (aunque ahora haya sido convertido en una figura de ópera bufa), se puede perder la conexión con la ‘realidad’ que, pese a la concepción usual,  siempre ha sido la cualidad intrínseca de los filósofos. Lógicamente hay quien se dedica a ello con esmero y rigor. Pero en este post no procede hablar de marcas.

Advertencia: Las marcas mencionadas son marcas registradas de sus respectivas empresas, las empresas aparecen referidas solo a título informativo y las personas citadas no tienen ninguna relación con esta página.

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Categorías: Artículos, Información, Noticias, Novedades by A.M.
3 comentarios »


3 comentarios en “Steve Jobs y la filosofía”

  1. Interesantes tus sugerencias. En realidad tras cada ¡-cosa hay toda una filosofía en la que confluyen ideas éticas, estéticas y ontológicas. Sería un buen proyecto filosófico identificarlas.

  2. Es una hermosa reflexión acerca de la tarea que siempre le ha sido natural a la filosofía: El escrutinio del propio presente. Comparto la idea de fondo, la filosofía no debe retirarse de los asuntos cotidianos, ni temer que por ocuparse de ellos pierda su prestigio. Dice Caeiro, uno de los heterónimos de Pessoa, que hay mucha filosofía en no pensar en nada; podríamos expresarlo también de este otro modo: Hay mucha filosofía en ocuparse de lo que se ocupa un cualquiera.

    Y, sin embargo, no todos tienen por qué ocuparse de lo que a cualquiera ocupa (y preocupa). De ahí que discrepe en que el asunto ése de la difusión del pensamiento pueda ser entendido como una ventaja de una filosofía respecto a otras. Aunque Platón sólo llegara a ser leído por cuatro gatos (cosa que tal vez ocurra), eso no afectaría a la potencia y actualidad perenne de su filosofía. Ni a su capacidad para influir subrepticiamente a generaciones y generaciones de seres humanos.

    Pero una aclaración, acaso innecesaria: Lo de Jobs no es filosofía, por más que también de Jobs pueda hacerse filosofía. Jobs está en otra tradición ilustre: La del gran Arquímedes.

  3. No consideraba las palabras de Jobs como verdadera filosofía, ni como filosofía verdadera, por así decir. Hace falta mucho más que un discurso para ser considerado tal (Platón es el modelo en este caso). En realidad quizá habría que considerarlo parte de una nematología (i.e. una nebulosa ideológica) delimitable (que va más allá de una determinada marca, pero que decididamente la encubre como parte de ella): la del capitalismo total (y pletórico) en que vivimos. No por nada citaba a los otros en el post.

    Respeto a la muerte misma como tema. Tampoco podemos considerar casual su progresiva desvalorización (y no me gusta mucho hablar así, pero bueno) pública. Hay muchas preguntas ahí que exigirían una reflexión mucho más profunda. En realidad exigiría un curso para años venideros… si llegamos con vida.

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