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Northampton, otra que cae – e interesantes podcasts

La crisis económica está suponiendo la eliminación de diversas Facultades de Filosofía por todo el mundo. La última que ha visto decretado su cierre es la de la británica Universidad de Northampton. Las autoridades universitarias han decidido que esta Facultad no matriculará alumnos para el curso 2012/2013 y procederá a su clausura. En este enlace se pueden amigar con la página de Facebook creada al efecto y en este pueden encontrar una carta que expone las razones por las que la Facultad no debe ser cerrada. Nuestros compañeros de Northampton nos agradecerían que copiásemos el contenido de la carta (si no deseamos redactar una propia) y la enviemos al Vice Chancellor, cuyo mail es: Nick.Petford@northampton.ac.uk

Por otro lado, el proyecto The Phenomenal Qualities Project ha colgado los podcasts de su Conference on the Metaphysics and Ontology of Phenomenal Qualities, celebrada el 16 y 17 de septiembre. Abarcan cuestiones como las sensaciones corporales, el fisicalismo, la percepción, etc. Se pueden disfrutar aquí.

Sin embargo judicial, algunas personas se desconcertan al tratar de obtener buenas calificaciones remedios en l

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6 Comments

  • A.M.

    Ha ocurrido, como temía, que de nuevo ha desbordado la naturaleza misma de un comentario, Voy a hacer un breve resumen (alguien dirá que impertinente; que no lo lea entonces)

    En él aparecen dos preguntas implícitas que Federico me exige responder para no caer en esa petición de principio:

    1º. «[…] es petición de principio responder a la pregunta por el papel de la filosofía en la educación sin desbordar críticamente los límites de los intereses particularistas del gremio.» Es decir, que justifique el gremialismo filosófico como opción legítima.

    2º. Y una respuesta tal ha de incluir una reflexión sobre qué concepción se ejerce respecto al papel de la filosofía en la educación. Particularmente en relación a dos cuestiones:
    a) Que se atienda a la «realización» (no hay comillas suficientes) de la «filosofía del futuro» en tanto opción contradistinta a la «crisis económica» como causa del cierre efectivo de facultades de filosofía. [Lo cual implica una determinada manera de ver ese papel de la filosofía en la educación].
    b) Que observe «la existencia de filosofía administrada universitaria «independiente» del Estado.» Particularmente la “filosofía católica realista” como posibilidad se supone que alternativa (espero que no única, pero es la única que se cita), a la filosofía administrada universitaria.

    Considera (Federico) mi posición particularista (interestatalista), y algo próxima al gnosticismo y que se confunde en mi desarrollo, respecto a la filosofía administrada (académica):

    la implantación política en la armadura reticular del cuerpo del Estado.

    la implantación política en la armadura básica (sociedad civil).

    Una tal cantidad de temas que prácticamente procede un tratado más que una entrada (y no digamos un comentario). No obstante, creo que implícitamente, en sus críticas, se han practicado ya algunos elementos de discusiones preexistentes, como por ejemplo la mantenida por J.B. Fuentes y G. Bueno a propósito de «la Filosofía hoy». Y no es que pretenda en lo más mínimo insinuar que podemos en esta modalidad de «comentarios de una entrada», reproducir una discusión semejante, sino solo que algunas líneas argumentativas son coincidentes y que hay un eco lejano de aquélla en sus palabras (yo reconozco, por mi parte, que también lo había en las mías).

    [Fin del resumen]

    Voy a esbozar una respuesta mínima a estas cuestiones, empezando por la segunda:

    a) Si se parte de un principio materialista definido como pluralista discontinuista en los comentarios, tal perspectiva parece diluirse en la medida en que esa ideología de «realización de la filosofía» (con su consiguiente acta de defunción), parece encontrarse muy extendida: también aquí en España podría interpretarse la desaparición de los contenidos de filosofía en beneficio de «Ciudadanía» en secundaria de ese modo. Como vimos, también sucedía algo similar en los currículos de México, (recordemos que con egregios representantes españoles en ese proceso, por cierto). La única explicación que se me ocurre estaría relacionada con la extensión casi mundial de las democracias homologadas (y es usted quien habla de «Imperio democrático», por cierto) acompañadas del subsiguiente «fundamentalismo democrático». Pero entonces nos encontramos con un fenómeno global, por lo que tendría todo sentido aplicar ese enfoque distributivo, precisamente lo que usted, Federico, consideraba como una operación de «lisado virtual». Pero es que además, no es que no me tome en serio esa opción de «realización de la filosofía futura en el presente» sino que observo los fenómenos que se han producido en las universidades durante este año, particularmente en UK: la subida de tasas universitarias, por ejemplo. Las universidades han entrado en una espiral para resultar «competitivas» y deben analizar sus departamentos. Éstas reciben fondos según el criterio del Higher Education Funding Council for England, (pero siguiendo las líneas que al parecer establece el «Libro Blanco sobre la Competitividad» de la Universidad publicado por el propio gobierno de UK, por cierto). Y resulta que los departamentos de Filosofía (en Keele, Northampton,…) pertenecen a la peor clase (Band-D) para la obtención de financiación. Consecuencia: cierre de la facultad para ganar competitividad. De hecho, los argumentos, por ejemplo de la propia Northampton, para la defensa de la filosofía, van más en la línea de resultar eficientes, que «necesarios»: buenos índices académicos de sus estudiantes y (atención) buena competitividad en el sector privado. En el caso de EE.UU, por ejemplo Nevada («Las Vegas University», oxímoron que no deja de tener guasa, no se podrá negar) según tradujimos, fue el decano quien adujo motivos de crisis financiera del Estado (podríamos hablar de California, y suma y sigue). No son cuestiones «meramente» económicas por tanto, sino «eminentemente económicas» las que se emplean. Resulta que esa ideología de «realización de la filosofía» no opera en estos casos, por lo que no la encuentro oportuna para su interpretación, Y con esto ni siquiera se puede asumir que «no me la tome en serio», por cierto, porque creo que sí es válida para comprender el fenómeno Filosofía-Ciudadanía en España (y puede que México). La cuestión estriba entonces a la pregunta: ¿y entonces qué nos importa? Es decir, se dirige a la primera parte de su intervención en la que aún no he entrado.
    b) No puedo entrar en detalle en este punto. Por lo que a mi respecta: 1. La Iglesia Católica no es independiente del Estado, aunque tenga la ilusión de que lo sea (véase Cajasur, como mero ejemplo). 2. Parece que he de considerarla «cantidad despreciable» pero no entiendo esa expresión que ni sé lo que pueda significar o «falsa filosofía». En absoluto, y no me voy a extender. Pero considerar que la filosofía deba acogerse la administración de la Iglesia o que es en ella donde se practica una filosofía más libre de las necesidades de autolegitimación ideológica del Estado, como parece sugerir, (pero no decir), usted, Federico, no es algo que comparta en absoluto. Supongo que estará asociado a la progresiva aproximación del materialismo filosófico al catolicismo (a raíz de la España frente a Europa). Aunque comparta la necesidad de autonomía de la filosofía frente al Estado, y de la sociedad civil frente al mismo, también creo que esa sociedad civil puede tomar, a su vez (por el principio de pluralidad de partes extra partes, incluso) distancia frente a la Iglesia, y no porque no sea «democrática». Simplemente por tomarse en serio el ateismo. Aproximarse a la Iglesia implica participar de toda su ‘corporalidad’ intitucional y litúrgica, y no solo de las cuestiones teológicas escolásticos, por más sutiles que nos parezcan. Pero prefiero no extenderme más. Pero caben otras alternativas de filosofía implantada en la armadura básica de la sociedad. Le pondré un ejemplo, la Escuela de Filosofía de Madrid, que ofrece un curso de Historia de la Filosofía muy similar al que se imparte en segundo de bachillerato por la módica cantidad de 4.750 minas. O 4 sesiones de ‘diálogos filosóficos’ a 500 minas cada uno. Y no se trata de no cobrar por la enseñanza (algo que ya declaré imposible en su momento) sino de la posibilidad de una enseñanza de filosofía en la educación reglada-formal (cuyo marco establece el Estado, por cierto), que usted implícitamente parece cuestionar. Pero esto es algo más bien para discutir con otros profesores del gremio que consideran inútil la filosofía, que para hacerlo aquí.

    Final: la petición de principio.

    Termino ya. Visto todo lo anterior, por qué defender la presencia de la filosofía administrada en clave corporativista. En primer lugar, porque no implica asumir una tesis substancialista respecto a la Filosofía, sino pluralista, e incluso dialéctica. En segundo lugar porque la universidad (pública o no) es el lugar institucional-burocrático de facto, con sus deficiencias y limitaciones, donde se aprende y se salvaguarda una tradición académica (un método) que, de considerar totalmente engolfada, no puede sino conducir a aporías difíciles respecto al futuro mismo de una filosofía que se quiera decir «dialéctica», e incluso «filosofía» en algún sentido, como ya expuse en el primer comentario. Sin dejar de considerar la problemática en la que se halla envuelta la propia noción de ‘método filosófico’ distribuido entre diversas escuelas inmersas (por mucho que quieran sustraerse) en sociedades sometidas a contínuos procesos de reconstrucción donde, dicho sea de paso, no cabe salvación posible. En consecuencia, considero legítima una defensa corporativista de la filosofía, sin aludir a «los funcionarios de la Humanidad» y esas cosas trascendentales, es decir, sin asumir ningún tipo de hermandad esencial, sino que muchas veces habrá de ser al contrario: renoconciendo la distancia, y aun hostilidad en su caso, con otros miembros del «gremio» (que habrá de matizarse prudencialmente según el caso). Y ello porque no cabe concebir, de nuevo, una homogeneidad esencial, pero sí cabe reconocer una situación institucional-administrativa con la que, nos guste o no, hemos de lidiar (véase el texto citado de G. Bueno al respecto). En lugar de hablar de accidental o esencial, creo que la prudencia ha de ser la que oriente este proceso. Y por no extenderme todavía más, no haré las necesarias distinciones entre filosofía en secundaria y en la universidad.

    No quisiera terminar sin aludir a ese comentario de que se ejerce una filosofía próxima al gnosticismo en mis comentario. Gnóstico me parece atribuir una causa oculta (como el flogisto) a la situación de la filosofía en el Reino Unido y EE.UU., gnóstico me parece pretender considerar que la filosofía católica (realista o no) pueda acoger en su seno toda la diversidad de perspectivas que caben entre diversas escuelas filosóficas (y de nuevo, me ciño a los hechos históricos: observe las fuentes de procedencia de las filosofías modernas: Bacon, Descartes, Locke, Hume, Leibniz y tanto otros). Pero el término gnóstico admite varias acepciones, y acaso en la exposición que hice en el comentario anterior sobre algunas cualidades perifilosóficas (si me permite la expresión) del materialismo filosófico podrían aproximarse a alguna acepción nomotética o quizá idiográfica del término. Pero si por gnosticismo hacemos referencia a Plotino y otros neoplatónicos como Porfirio o Jámblico; en lo que a mi respecta, entonces, bienvenida sea la atribución.

  • Federico

    Es tan interesante su reflexión, que no puedo dejar de hacer en torno a ella dos o tres puntualizaciones que puedan contribuir a clarificar las posturas que usted y yo mantenemos (al parecer enfrentadas).
    En primer lugar, puntualizar que la corrupción de un substrato material no implica su total destrucción o aniquilamiento, sino su conservación en estado de “descomposición putrefacta”. En este sentido, yo no he retirado de la filosofía analítica su condición de verdadera filosofía, sino todo lo contrario, le he concedido tal condición pero atribuyéndole, precisamente, la misma pretensión que, al parecer, usted le atribuye ahora al materialismo filosófico de Gustavo Bueno, a saber: el pretender ser la única filosofía verdadera. La diferencia es que usted considera que en el caso del MF esta pretensión está en sus “finis operis” no declarados; en cambio, yo se la atribuyo a la “filosofía analítica” en virtud de sus “finis operantis” explícitamente declarados. Acaso podría ser pertinente citar aquí como autoridad a Moritz Schlick, concretamente su famoso panfleto de 1932 titulado “El futuro de la filosofía”, en el cual Schlick concluye afirmando, ni más ni menos, lo siguiente: “Estoy convencido de que nuestra concepción de la naturaleza de la filosofía recibirá en el futuro general aceptación (…) ello constituirá un gran paso en el progreso mental del género humano”.
    En segundo lugar, y engarzando con lo anterior, parece que usted no toma suficientemente en serio la posibilidad de que las autoridades responsables del cierre, por razones filosóficas, puedan estar considerado que “la filosofía del futuro” (en la que, suponemos, han sido educados por herencia cultural) ha llegado ya en nuestro presente, y con notable éxito en la realización de su papel, a su final “feliz” (el que, precisamente, auguraba Schlick allá por 1932). Parece que, para usted, las únicas razones a tener en cuenta son las “puramente” económicas. Así que no me extraña que reconozca usted abiertamente que su posición es “gremialista”. Ahora bien: es petición de principio responder a la pregunta por el papel de la filosofía en la educación sin desbordar críticamente los límites de los intereses particularistas del gremio.
    En tercer lugar, parece también que pasa usted de puntillas por la existencia de filosofía administrada universitaria “independiente” del Estado, filosofía que, además, no pretende ser meramente filosofía doxográfica, sino filosofía inmersa en la realidad del presente (me refiero a la “filosofía católica realista” ) ¿Acaso porque la considera usted “cantidad despreciable”, así, a priori, “falsa filosofía”? Da la impresión, pues, que su posición de defensa corporativa de los intereses del gremio no es una posición universalista (sí interestatalista), sino más bien particularista. No diré que su posición esté próxima la gnosticismo, pero sí diré que parece que confunde la implantación política de la filosofía con su implantación exclusiva en la “armadura reticular” del cuerpo del Estado. ¿Y qué pasa con la posibilidad de concebir implantada a la filosofía en la “armadura básica” (= “sociedad civil”) del Estado? ¿Acaso es que esta forma de implantación no es política?
    En cuarto lugar (perdón, ya me estoy excediendo), recordarle a usted (pues parece que también pasa de puntillas sobre esto) que yo no he rechazado totalmente de plano la defensa de los intereses corporativos del gremio de profesores de filosofía españoles. Lo que he dicho es que, en el caso de que yo tuviera que defenderlos (por estar implicado, de un modo u otro), lo haría considerándolos como algo “accidental”, no “sustancial”.
    Creo que con estas cuatro puntualizaciones será suficiente, de momento.

  • A.M.

    Espero que la lectura de esta entrada haya servido para advertir el carácter gremialista y corporativo de este blog.

    Admito parte del análisis que ha presentado, pero no se lleve a error, en la SFPA no escandaliza en absoluto escuchar la expresión materialismo platónico y otras similares. Y aún reconociendo la no conexividad entre los fenómenos (y la pluralidad de causas, por tanto) no creo que la desaparición de facultades de filosofía en el «mundo anglosajón (protestante)» sea algo irrelevante. Y no lo es porque la cuestión de la condición administrada de la filosofía académica no es un asunto trivial, y puede que observarlo «distributivamente» no carezca de interés. Incluso a la luz de sus aportaciones, Federico, desde el materialismo filosófico.

    Por cierto que no comparto esa consideración a la crisis económica como discurso metafísico, y precisamente porque esa crisis hace referencia a una pluralidad delirante de procesos diversos, que conducen, de forma además nada indirecta, al cierre de esas facultades de las que hemos informado.

    Pero es que además, aparecen dos profundos aspectos llamativos sobre los que vale la pena regresar, implícitos en mi primera intervención, y sobre los que llevo un tiempo reflexionando. Así que me va a servir de excusa para formularlos.

    En primer lugar, el materialismo filosófico se postula como una filosofía dialéctica que requiere de otras filosofías por cuya oposición o crítica se ejerce el despliegue de su cuerpo doctrinal conformado por las relaciones sistemáticas entre las Ideas que trata. Al observar y totalizar las alternativas existentes y ofrecer una clasificación comprehensiva (por ejemplo, la TCC que establece los tipos de teoría de la ciencia -teoreticismo, circularismo, adecuacionismo y descripcionismo) parece producirse un fenómeno de ‘agotamiento’ (dialéctico) del suelo de donde ha de extraer su nutriente.

    El materialismo filosófico no puede contemplar la posibilidad de ‘cerrar su sistema’, es decir, pretender erigirse en la única verdadera filosofía verdadera. Y aunque de facto (como finis operantis) no se sostenga esa tesis por sus miembros, sí parece que a ello conduce (como finis operis) su filosofía.

    Llama la atención que no parezca encontrar en sus procedimientos críticos ninguna otra filosofía (crítica a su vez) con la que ‘medirse’ y continuar su ejercicio (tal vez, con matices, podría aceptar una cierta versión de la fenomenología que está actualmente desplegándose). A causa de este agotamiento, se vacía la condición de verdadera filosofía a la facultad de Northampton lo que no deja de ser una simplificación que no se basa sino en la flagrante generalidad de considerar, simplemente, que no se hace filosofía en el mundo anglosajón (protestante), por ser «filosofía analítica». Esto es, a mi juicio, una evidente petición de principio. Y apelar a la autoridad de Bueno en la mencionada obra no evita la simplificación. Podría hacerse, por ejemplo, doxografía pura y dura, y seguiría teniendo importancia la presencia de facultades que conserven, siquiera como entomólogos, el pasado filosófico para que otros pudieran llevar a cabo la actividad filosófica. Siquiera como esa versión simplificada tendría sentido la existencia de esas facultades, e incluso, como diré después, como facultades de «papilla ideológica».

    Añado el segundo asunto: la preocupante tendencia del materialismo filosófico a desprenderse, y aun ridiculizar, por no decir despreciar (o algún otro calificativo de esa galaxia), otras corrientes filosóficas del presente. Ya digo que no es una actitud absoluta (he ahí el ejemplo de la atención que está recibiendo el fenomenólogo Richir desde el propio materialismo), pero sí predominante. Y esto se acompaña de un doble fenómeno: en primer lugar la necesidad de establecer líneas doctrinales que, surgiendo del trabajo de Bueno, impliquen divergencias para escapar del cerrojo metodológico en el que podría hallarse inmersa (véase Bautista Fuentes Ortega y la línea noetológica así como las críticas a las que ha dado lugar cuando alguno trata de escapar del canon). Y en segundo lugar, una vez convenientemente cercenados los lugares administrativos/institucionales (públicos, además) de la filosofía por su inautenticidad («descomposición putrefacta»), aludir a la perspectiva del ‘ciudadano sin más’, representándola, además, como hace Federico, en la figura del propio Gustavo Bueno («un ciudadano que, sin más, [es decir, sin pertenecer a un gremio con intereses corporativos] usa la dialéctica como instrumento defensivo de sus intereses personales»). Pero es que este ciudadano es precisamente un filósofo y profesor de filosofía, y aunque no sea condición necesaria que exista la filosofía administrada en secundaria o en la universidad para que existan filósofos, a juicio de un corporativista como yo, es mejor que exista esa administración antes que confiar en la formación espontánea de algún Sócrates en el mercado. Y cito:

    «Cuando la filosofía desaparece de una ciudad, de un estado […] es muy difícil que espontáneamente vuelva a resurgir pasado un tiempo, en virtud de una demanda social, de una necesidad espiritual. Esta demanda existe, sin duda, pero será satisfecha por formas ideológicas más bajas […] solo la crítica contra los sucedáneos degradados podría frenar su influjo.» [G. Bueno, Metafísica Presocrática, 14].

    Usted asume que las facultades del ámbito anglosajón son esas formas pervertidas, no obstante incluso concediendo eso, es importante que subsistan como insituciones porque favorecerán la posibilidad de una verdadera filosofía (verdadera o no, a su vez). He ahí, en resumen, las causas del corporativismo.

    Y como este comentario es tan torpemente extenso le invito a que publique una entrada en este blog a propósito de estas u otras cuestiones que estime de interés.

  • Federico

    La universalidad de la situación en la que se encuentra la filosofía administrada, aunque se la conciba desde una perspectiva distributiva, no tiene porque implicar, necesariamente, la conexividad total entre los fenómenos que co-existen en ella. Que la universalidad sea distributiva no implica que las relaciones a través de las que se propaga sean conexas, como ocurre, por ejemplo, en la acción ética. La universalidad de las normas éticas es distributiva, pero las relaciones entre personas humanas por mediación de normas éticas no las conectan a todas con todas, de facto, en una “sociedad universal” de personas humanas en estado perpetuo de solidaridad armónica (a pesar de todo lo que digan los filósofos universitarios de la escuela formalista).
    Quiero decir con esto, que hay que introducir discontinuidad causal entre los fenómenos de una misma “constelación semántica”. El materialismo platónico (¿Platón materialista? ¡que escándalo para los académicos!), no es meramente pluralismo (como el de Demócrito, por ejemplo), sino que es pluralismo discontinuista (tesis de la symploké de los géneros o principios). Lo de la situación actual del mercado pletórico internacional como “causa última” (o “remota en última instancia”) de la crisis universal de la filosofía administrada, vuelve a sonarme, de nuevo, a discurso metafísico, pues la causa no se relaciona directamente con el efecto, sino que se relaciona con él por mediación de un determinado substrato material, y si la materia dice siempre multiplicidad, múltiples han de ser también las causas que concurran en un mismo campo o constelación fenoménica.
    Así pues, lo de la actitud prudente en defensa de la filosofía administrada, me parece una operación de “lisado virtual” (véase la distinción morfológico / lisológico) que puede tener su valor para quien quiera mantenerse en la perspectiva de la defensa de los intereses corporativos de un determinado gremio de profesionales. Pero esta perspectiva, me parece a mí, es más propia de un paradójico sindicalista internacionalista (no de clase “universal”, sino particularista: “profesores de filosofía del mundo, uníos”), que de un ciudadano que, sin más, usa la dialéctica como instrumento defensivo de sus intereses personales. Entre estos intereses personales pueden encontrarse o no, por accidente, dependiendo del caso, los intereses “propios” de carácter profesional, pero en cualquier caso, entre estos intereses personales ha de poder encontrarse siempre, y por razones sustanciales, el interés de la persona humana por la defensa de la libertad objetiva, que ya no es la propia, sino la de todos. Este es, a mi entender, el caso del filósofo Gustavo Bueno.
    Por consiguiente, me parece a mí, el Materialismo Filosófico, como escuela de filosofía (con independencia de si se la considera “extraordinaria” o no), está demostrando, de facto, y sobradamente desde hace ya bastante tiempo, que una filosofía académica (en el sentido platónico de la expresión) puede existir desbordando fronteras nacionales, aunque de iure no goce de demasiado reconocimiento burocrático-administrativo entre los miembros de la Academia Nacional en la que tuvo su origen.
    Concluyo: a mí podría interesarme la defensa de los intereses (valga la redundancia) corporativos del gremio de profesores de filosofía españoles, si es que acaso yo, por accidente, me dedicara profesionalmente a la enseñanza de la filosofía en alguna de las instituciones públicas administradas o no por el Estado (también hay, por ejemplo, universidades administradas por la Iglesia Católica, y mientras los protestantes cierran facultades de filosofía, la Iglesia Católica, en cambio, abre en Granada, por ejemplo, una “Escuela Internacional de Filosofía”). Ahora bien, en virtud de la desconexión causal que habría que introducir entre los fenómenos ideológicos de los que estamos tratando, la desaparición de la facultad inglesa de filosofía esta me importa, no ya un huevo y parte de otro, sino acaso medio huevo solamente.
    Y mire usted, señor A.M, que no me pretendo ser con nadie en particular “grosero”, sino más bien, y a escala histórico-institucional, razonablemente “sincero”.

  • A.M.

    Es muy interesante que se adopte esa perspectiva etic en este post, Federico, asociada a la posición del materialismo filosófico. Te sugiero la lectura de nuestro texto referido al problema de la enseñanza de la Filosofía en México (http://www.sfpa.es/blog/?p=273)
    donde ya hacíamos referencia a la crisis de la filosofía administrada en un Estado que lleva impartiéndola desde el siglo XIX. Y luego tenemos la degradación que sufre la filosofía en la enseñanza secundaria y el bachillerato en nuestro país. Asociar esos fenómenos a una situación universal (la del mercado pletórico, podríamos decir, o la que sea) y denunciarla no consiste en una mera sustantivación, sino en una interpretación de un «fenómeno en marcha» independientemente de la valoración que nos merezcan las universidades americanas. O las españolas. Manifestarse en defensa de las facultades también puede comprenderse como una actitud prudente en defensa de la filosofía administrada. Criticarla por no ser una filosofía académica sino engolfada o putrefacta, por cierto, me suele inducir a pensar cómo el materialismo filosófico, tan fino en sus análisis y sólido en su cuerpo doctrinal, no es capaz de reivindicar el papel de la enseñanza de filosofía en la universidad (incluso en secundaria). Acaso porque ya habrá renunciado a su condición de filosofía académica administrada (papel que aún cumple en algunas universidades españolas en las que algunos han estudiado, y también en las enseñanzas secundarias). Pero si esta negación es el caso, entonces cabría preguntarse cómo podría haber surgido esa misma filosofía fuera de los ámbitos escolares en los que se produjo, de facto, esa extraordinaria escuela. Y en cómo podría mantenerse. Un saludo.

  • Federico

    Extirpar del cuerpo de un Estado anglosajón de tradición protestante facultades universitarias de filosofía, puede ser interpretado (desde una perspectiva etic) como una exitosa operación quirúrgica de cirugía política, si enjuiciamos el término “filosofía” en función del valor que otorgamos a la materia de la principal corriente doctrinal por medio de la cual “la filosofía” ha venido desarrollándose históricamente en ese ámbito cultural, a saber: la denominada “filosofía analítica” o “filosofía del lenguaje”. Así, por ejemplo, Gustavo Bueno en “¿Qué es la filosofía?” (págs. 99-100) otorga al contenido de dicha corriente filosófica un valor doctrinal prácticamente nulo, considerándolo como una materia filosófica en estado de descomposición putrefacta o como una materia filosófica cuyo movimiento se ha desviado casi completamente del movimiento originario que Platón imprimió al substrato material de la verdadera filosofía.
    Según esta interpretación, eliminar facultades universitarias de filosofía en Inglaterra o en USA, vendría a ser algo así como extirpar aberrantes masas tumorales.
    Se deriva de lo anterior, que interpretar esta “eliminación de filosofía” como un episodio más entre los muchos a través de los que se que se desenvuelve un ataque distributivo indiscriminado contra “la Filosofía”, es una interpretación (también etic) metafísica que procede sustantivando el término filosofía.
    Por otro lado, las autoridades responsables del cierre siempre podrían justificar su decisión (desde un punto de vista emic), afirmando que “la Filosofía” ha cumplido ya con creces su papel de educadora del pueblo, el cual la tiene ya en este momento plenamente incorporada a sus “esquemas mentales”, como lo demuestra el hecho de ser el pueblo sobre el que se sostiene la acción un gran Imperio democrático. Se le agradecen los enormes servicios prestados y se la jubila con honor.
    Final feliz.

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