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Una primera aproximación al currículo de la LOMCE.

Una primera aproximación al currículo de la LOMCE.

Por Ángel Martín.

La LOMCE ya ha sido aprobada, pero el decreto del currículo todavía se encuentra en fase de proyecto. Se puede consultar aquí. A falta de una lectura pormenorizada y exhaustiva, (que no podrá darse adecuadamente y en plazo para envío al ministerio, en la medida en que el “periodo de información pública” termina el 3 de enero) llaman la atención algunos apartados, como los que señalamos a continuación. Además, sorprende la aparición de un nuevo componente curricular que era desconocido hasta ahora, denominado “estándares de aprendizaje”. Estos estándares alcanzan un grado de concreción inusitado en anteriores legislaciones. Se definen en el apartado 2 de definiciones del proyecto de legislación con claridad:

“f) Estándares de aprendizaje evaluables: concreciones de los criterios de evaluación que permiten definir los resultados de los aprendizajes y concretan mediante acciones lo que el alumno debe saber y saber hacer en cada asignatura. Deben permitir graduar el rendimiento o logro alcanzado. Tienen que ser observables, medibles y evaluables ya que contribuyen y facilitan el diseño de pruebas estandarizadas y comparables.”

Aunque se pretende que esos estándares sean positivos mediante una formulación imperativa (“enuncia”, “distingue”, “señala”, “describe”, “identifica”, “define”), algunas fórmulas seleccionadas provocan verdadera incertidumbre: cómo detectar si una alumno “Resuelve los conflictos de modo constructivo” o «Toma conciencia de la limitación de los recursos energéticos y explica las consecuencias del agotamiento de las fuentes de energía”; cómo considerar estándar de aprendizaje: “Emprende, en colaboración grupal, la elaboración de una campaña contra la discriminación de la mujer en su entorno familiar, escolar y social, evaluando los resultados obtenidos”, por ejemplo.

Los estándares implican un grado de concreción tal que se hace difícil imaginar cómo éstos son compatibles con una mínima flexibilidad curricular, que era uno de los aspectos que los ideólogos ministeriales de la LOMCE han vendido como uno de sus pilares. ¿Qué libertad queda para la autonomía de los centros cuando prácticamente aparece la formulación de preguntas que podrían ser propias de una prueba escrita de la materia por parte de un profesor?

En el caso de la filosofía de cuarto y de primero, se suma un apartado a los habituales relativos al conocimiento, el ser humano o la realidad. Dentro del bloque de cultura y sociedad, se incluye, de modo completamente gratuito e injustificado un apartado dedicado al mundo empresarial. Comentamos los criterios de evaluación que aparecen en él:

 Criterios de evaluación de la filosofía de 4º. BLOQUE 6. CULTURA Y SOCIEDAD.

44. Conocer las posibilidades de aplicación de cada una de las disciplinas de la filosofía, en el ámbito empresarial en particular.

He aquí un sinsentido absoluto. La selección de este apartado es completamente gratuita desde una concepción interna al campo filosófico. Su intención solo se puede entender desde un criterio externo a la filosofía misma, lo que implica adoptar un sesgo curricular completamente acrítico al propio criterio externo seleccionado (en este caso, el empresarial), lo que destruye, eo ipso, la perspectiva filosófica del apartado, y lo convierte en un adoctrinamiento en técnicas empresariales más apropiadas para el márquetin (DRAE LOMCE dixit) que para la filosofía.

45. Conocer el modo de preguntar radical y mayéutico de la metafísica para diseñar una idea empresarial y/o un plan de empresa utilizando habilidades metafísicas y gnoseológicas para conocer y comprender la empresa como un todo, facilitando los procesos de cuestionamiento y definición clara de las preguntas radicales y las respuestas a las mismas, como ¿qué somos?, ¿qué hacemos?, ¿por qué?, ¿para qué sirve esta empresa?, ¿cuál es nuestra misión?, ¿cuál es su sentido, su razón de ser? y saber argumentar la defensa de las respuestas.

El mismo problema se observa en este criterio. Pretender establecer una mayéutica empresarial constituye un ejercicio de cinismo ideológico a gran escala. La dedicación exclusiva de un apartado del currículo al mundo empresarial es completamente ajena a la partes en las que se divide la filosofía académica. Es innegable la utilidad que puede tener la filosofía para el campo empresarial, así como para muchos otros, pero esta utilidad solo puede darse en la medida en que la filosofía conserve sus especificidad y no se adultere con criterios espurios. Creíamos que la experiencia de la ciudadanía había dejado claro este punto.

46. Comprender el valor de la teoría del conocimiento, la lógica y la epistemología para introducir una racionalidad en el origen, desarrollo, dirección y ejecución de un proyecto empresarial, ayudando, utilizar las habilidades metafísicas y lógicas para comprender el orden racional de la interrelación entre las partes de un proyecto o de una empresa, siendo capaz de elevarse por encima de lo concreto para ver, estructurar y valorar la totalidad del sistema eliminando el caos y la desconexión, aportando sentido y significado al todo y a las partes y clarificando racionalmente ideas y emociones

Ídem. Por qué se ciñe este apartado al mundo empresarial constituye una verdadera incógnita que se nos escapa. De forma repetitiva y sin ninguna justificación se interfiere en la especificidad de la materia para postular una utilidad empresarial completamente arbitraria, puesto que nada se dice al respecto en el apartado de la introducción.

47. Conocer y valorar las técnicas del diálogo filosófico, la argumentación y la retórica, la filosofía del lenguaje y la metafísica para organizar la comunicación entre las partes, la resolución de negociaciones y de conflictos empresariales, generar diálogo basado en la capacidad de argumentar correctamente, definir y comunicar correctamente la visión/misión/objetivos de la empresa.

Ídem.

48. Reconocer la utilidad de la Estética filosófica para dar viabilidad a un plan de márquetin, favorecer el pensamiento creativo e innovador. Adaptándose y anticipándose a los cambios de paradigma, asesorar para estar abiertos al cambio generando innovación y evitando una empresa disfuncional y estancada.

Uno de los puntos que mejor reflejan el sinsentido de la propuesta curricular. La preparación de un plan de márquetin es propia de esa subdisciplina, no de la filosofía, ni de la estética en particular, cuya orientación ha de ser la reflexión sobre la belleza y su significado en diferentes vertientes y escalas. La apelación desde la estética a planes de márquetin y la presunta capacidad de apertura al cambio evitando disfuncionalidades y estancamientos empresariales es una quimera, un completo despropósito sin ninguna base racional más allá del mero voluntarismo del legislador, o del decisionismo más desaforado que genera directamente sonrojo.

49. Reconocer y comprender la función axiológica de la Filosofía en el campo empresarial, expresando los valores propios de la Ética y de la filosofía política para establecer el sistema de valores de la empresa que permitan innovar y mejorar el clima laboral y con los clientes al favorecer la motivación de los diferentes colectivos para asumir retos y cambios, técnicas de diálogo y resolución de dilemas y de conflictos y utilizar las posibilidades de la Ética para diseñar racionalmente el equilibrio entre innovación, sostenibilidad y competitividad.

Como culminación del planteamiento de esta apartado, este campo alude a la ética de la empresa desde el enfoque axiológico. Se trata de un apartado que se ha desarrollado especialmente dentro del contexto académico y cuyo discurso se escucha desde ciertos departamentos de filosofía moral y política. Un apartado de ética empresarial ya presupone una especialización de la materia en una determinada esfera que nos parece por completo injustificable. Ceñirse a cuestiones empresariales en un apartado propio de un curso introductorio, dejando de lado, por ejemplo, cuestiones de bioética o deontología profesional, útil para periodistas o abogados, constituye una arbitrariedad sin sentido. Esas cuestiones de especialización nos parecen oportunas para los grados universitarios, en los que los estudiantes profundizan en los problemas específicos desde una perspectiva genitiva de la filosofía propia de su acotación al campo que representa ese campo de conocimientos, por lo que afecte a la problematicidad propia de la esfera filosófica. Una propuesta como la que se presenta aquí implica una selección poco saludable en la medida en que abusa de la arbitrariedad en la selección de contenidos, alejados de un enfoque introductorio. El deseo de practicidad arruina una propuesta que debiera haberse ceñido a la escala estrictamente filosófica desde la que ha de postularse una nueva materia que se incorpora a la enseñanza secundaria.

 Filosofía 1º de bachillerato.

En el caso de primero de bachillerato, aparecen detallados también los contenidos, además de los criterios de evaluación y estándares de aprendizaje. En el bloque 6, de nuevo, se añade un apartado inexistente en ninguna legislación anterior titulado: 12. “La función de la filosofía en el mundo empresarial y organizativo”. Además de resultar especialmente inquietante la concreción funcional al mundo de la empresa de la filosofía. La introducción de la materia de nuevo recurre a la fundamentación clásica de la filosofía como amor al saber (ahora transformado en lema constructivista: “aprender a aprender”), y no aparece ningún tipo de justificación particular al efecto. En definitiva, semejante intromisión en el mundo de la empresa se nos ofrece como una ocurrencia, una idea peregrina por completo carente de sustento pedagógico por lo que se refiere a su adecuación al nivel educativo que se trata, ni lógico, por lo que se refiere a la propia estructura de ese campo de saber que, no excluyendo en modo alguno la realidad social de las empresas, invita no obstante a una metafísica empresarial a imitación de las construcciones medievales respecto a la teología cristiana ad maiorem negotii gloriam:

45.1 Plantea, al estilo filosófico, las preguntas radicales que deben estar a la base de la formación y dirección de una empresa.

46.1 Aplica principios lógico-racionales y de inteligencia emocional al cálculo de riesgos.

46.2 Diseña un proyecto de empresa, utilizando mecanismos de la metafísica, la lógica, la epistemología y la teoría del conocimiento.

49.1 Realiza un decálogo de valores éticos que deben regir en el mundo empresarial, tanto a nivel interno como de cara al cliente, a otras empresas, a la sociedad y a la naturaleza.

Semejantes construcciones ideológicas cuya única utilidad (o función) sea la legitimación más o menos alambicada del presente aleja a la filosofía de su propio carácter y la arruina en un mero discurso laudatorio de la esfera empresarial que nada tiene de filosófico, pero sí de retórico, en el peor sentido de la palabra.

Los temas finales de las normativas curriculares suelen ser una buena herramienta para descubrir cuáles son las intenciones del legislador respecto a la filosofía. Ésta es un tipo de conocimiento especialmente susceptible a la manipulación espuria en su forma de filosofía administrada , por lo que debe mantenerse para su supervivencia entre unos márgenes inevitables de crítica y tensión dialéctica frente a los intereses del Estado que trata de llevar a su terreno la generación político-ideológica que este tipo de conocimiento implica.

De modo que, si en la anterior legislación LOE se pretendió confundir a la filosofía con un proyecto político determinado de raíz social-demócrata, ahora la LOMCE nos ofrece un panorama no muy diferente de tendencia, digamos, liberal (aunque esta palabra tenga un arco significativo tan amplio que casi haya perdido su sentido). La filosofía administrada en enseñanza secundaria está eternamente condenada con cada reforma a permanecer entre tirios y troyanos y muy bien podemos pensar que la única razón de su permanencia todavía, a juicio del legislador, resida en este carácter funcional que por uno u otro lado (y entiéndase que no nos ceñimos a un simple bipartidismo, sino que se alude a una pluralidad política dialéctica entre las partes que componen el todo social) se trata de inocular a la materia.

A nuestro parecer, ese intento de imprimir el sello ideológico a la materia de filosofía constituye una tendencia que merma gravemente la calidad de la enseñanza filosófica. Pretender que el profesor de filosofía se convierta en clase en un asesor de márquetin constituye un total despropósito, más apropiado para la peor sofística que para un saber que sólo tiene utilidad social o política en la medida en que conserva su impía especificidad. Obliga al docente a una incómoda posición en la que el ejercicio irónico constituya su única posibilidad de conservar un mínimo de dignidad profesional, lo cual es muy grave.

Recomendamos, en definitiva, como mínimo, la total supresión de esos apartados y una mayor reflexión sobre los contenidos curriculares apropiados para esta disciplina. Continuaremos trabajando para ofrecer propuestas más consistentes y útiles, no ya para la empresa, sino para los estudiantes que cursan las materias de filosofía en enseñanza secundaria y bachillerato.

 

Sin embargo, algunas personas se desconcertan al tratare de obtener remedios en l

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