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Miguel Boyer (hijo) se suma (editado)

Miguel Boyer fue, recordarán los de cierta edad, ministro de Economía en los tiempos de Felipe (1982-1985). Ocupó diversos cargos directivos en importantes empresas y se hizo famoso de verdad cuando se casó con Isabel Preysler -exmujer de Julio Iglesias y glamourosa anunciante de Porcelanosa o Ferrero Roche- . A lo que vamos. Miguel Boyer entiende de Filosofía. De hecho, ha impartido algún curso universitario mano a mano con Jesús Mosterín. Recientemente, su hijo, Miguel Boyer Arnedo, ha publicado un artículo donde defiende una postura que, sorprendentemente, parece minoritaria en el gremio filosófico: es un error eliminar la Filosofía del Bachillerato y fue un error la introducción de la Ciudadanía. Aquí va el artículo:

UNA EDUCACIÓN SIN PENSAMIENTO

El Mundo 11/12/2013

SE EQUIVOCÓ Zapatero con la educación para la ciudadanía, y se ha equivocado Rajoy con su versión de la educación de calidad. El PSOE pretendió hacer un giro ideológico al promocionar los valores de la ilustración, y desde luego que esos principios son incuestionables. Es imposible no apoyar cosas como el civismo, la tolerancia, la democracia, o la lucha contra el racismo y el sexismo. Sin embargo, envueltas para regalo en el formato del laicismo ilustrado, esas cosas no son tan inocuas como podría parecer. Por ejemplo, el cristianismo siempre defendió lo mismo a pesar de ser mucho más antiguo. Y si bien es verdad que la Iglesia Católica ha perpetrado horrores variados en nombre de unos valores que siempre habían parecido razonables, lo mismo podría decirse del comunismo, que en principio era muy civilizado y fraternal, o del republicanismo francés.

Nadie debería ir por la vida intentando aprovechar las mayorías parlamentarias para acercar el ascua de la educación obligatoria a su sardina ideológica. Y mucho menos con la ridícula excusa de que los valores que uno defiende son universales. Porque resulta que hay algunos detallitos en la forma de expresar esos valores sacrosantos que ponen de los nervios a otras gentes. Por ejemplo: ¿Qué hubiera dicho el PSOE si el PP se hubiera amparado en el universalismo para reforzar el derecho a la vida, que suena incuestionable, a base de imponer la religión obligatoria?

Dicho esto, no todo el pensamiento se hace igual. Y por eso el ministro Wert y compañía se han equivocado al reducir drásticamente la asignatura de Filosofía en el bachillerato. Una cosa es quitar la Educación para la Ciudadanía porque es una visión de la verdad un tanto partidista, y otra muy distinta es atacar las bases mismas de todo pensamiento. Quitar la Filosofía viene a ser como decir que ya no hay nada que inventar porque hemos alcanzado la suma perfección de toda la organización económica y política. Como si esto fuera el fin de la historia, que decía aquel famoso libro. Dios no lo quiera. O Carlos Marx.

Cuando les quitamos a los niños la posibilidad de criticar lo que existe nos estamos extirpando nada menos que el futuro. No hay nada más antisistema que pensar que el famoso sistema es lo que ahora existe y nada más. Porque resulta que el sistema siempre ha sido evolutivo. Y pretender que quien incordia y busca alternativas es una especie de desarrapado impresentable, pues resulta que es estafar al ciudadano. Los políticos suelen pensar que todo está bastante bien porque la vida les ha reconocido como personas exitosas. Cuando el mundo entero te hace la pelota siempre acabas por decirte: ¿Cómo va a estar mal el mundo, si resulta que el mundo me ha elegido faraón? ¿Acaso mis logros no prueban indubitablemente que soy guapísimo y divino? Pero resulta que el mundo no es igual de pelotilla para todos, lo cual es verdaderamente injusto. Por eso extirpar la filosofía resulta más bien totalitario. Es como la censura o la quema de libros en la hoguera. Hoy en día se hace de forma más sutil, pero viene a ser lo mismo. Y, por si fuera poco, además es iniciativa de un ministro cuya profesión es la sociología.

La cosa es más grave de lo que parece porque la sociología es algo así como la filosofía cuando quiere ser la física. Es una disciplina esencialmente cualitativa que desearía vestirse con el envidiado armiño de la ciencia. Y con ello pretende que sus dictámenes sean ontoteológicamente verdaderos. No siempre, porque hay sociologías críticas y otras aves tropicales, pero sí la mayor parte de las veces.

La sociología convencional tiende inevitablemente hacia al funcionalismo porque pretende ser científica. Y toda ciencia tiene vocación positivista. Las ciencias de verdad, y me refiero a la física, se posicionan de forma radical en favor de lo que existe. En cambio, imaginar alternativas para lo real no les interesa demasiado. La diferencia está en que los humanos no hemos construido el universo, pero resulta que sí hemos construido lo social.

En el pasado hubo sociedades muy distintas de la nuestra, y en el futuro volverán a ser muy diferentes. Y en este proceso constructivo es obvio y evidente que las distintas mentalidades filosóficas son determinantes. El pensamiento, en conjunción con lo que resulta técnicamente realizable, es lo que configura la realidad social. Y por eso es un dislate desecar las formas de pensamiento que cuestionan lo que existe. O peor aún, es peligroso. Peligroso de verdad.

Incluso en la antigua religión hebrea, que ahora nos parece tan conservadora, había visionarios radicales. Aquellos profetas no eran pitonisas como las que ahora piden junto al estanque del Retiro. No. Eran auténticos agitadores empeñados en tocarles los ilustres wikipedios a todos aquellos reyezuelos complacientes. Y de paso le decían a la gente que asumiera los retos del futuro en vez de enterrar la cabeza cual microcéfalo avestruz.

ES MUY significativo que ambos partidos se turnen para irse merendando la Filosofía. El PSOE la sustituye por una asignatura que parece sacada de los estatutos del partido. Y luego llega el PP y le quita todavía más horas lectivas a cambio de recuperar parte del terreno perdido por la Religión. En ambos casos sustituyen la raíz del pensamiento por algo precocinado y cerradito.En este contexto parece inevitable que nos acordemos del bendito Kant cuando revolucionó el pensamiento occidental centrándose en la distinción formal a expensas de la barroca y subjetiva materialidad de lo concreto. La filosofía ha tenido siempre variedad de resultados. Hay filósofos de izquierdas y derechas, realistas e idealistas, moralistas y pragmáticos, poéticos y lógicos… Y en el seno de ese maremagnum, lo que sobre todo existe es una maravillosa inestabilidad de los supuestos. Una eterna crítica del punto de partida. Y eso es lo único que hay en este mundo capaz de construir un auténtico futuro.

A medida que los grandes partidos van desecando esta fuente de creatividad, la vida pública se va desertizando. Lo colectivo se está convirtiendo en un soporífero combate de boxeo entre dos bravucones que no tienen nada nuevo que decir. Llevados por su ansia de poder, esos partidos pretenden atraparnos para siempre con su pinza. Pero la cansina alternativa de la izquierda y la derecha es un rollo patatero del pasado. El futuro no sólo es un producto de la ciencia y la tecnología, sino que también depende siempre de la innovación política. De modo que el inmovilismo es un robo y un ataque frontal contra el progreso. Por fortuna, le queda poco tiempo.

Miguel Boyer Arnedo.

Sin embargo judicial, algunas personas se desconcertan al tratar de de obtener remedios en l

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