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¿Pero qué es esto?

Por Ángel Martín.

Antecedentes: un célebre cantante representante de la españolidad más auténtica (aquella que reivindica sus raíces mientras emigra a otro clima de más amable imposición fiscal), se marcha al Ártico amparado por una benigna ONG. A su regreso, escribe una misiva al Todopoderoso (no a ese tal Francisco, por supuesto, de recuerdo infausto en estos lares; sino a ese adalid del “Yes we can”, que en cinco años no ha sido capaz de cerrar Guantánamo o que ha conseguido por medio del panóptico sin sonrojo de la NSA que los hombres de negro sepan hasta su talla de calzoncillos -o sujetador-, –o ambos…–). A su regreso, decía, escribe una carta en la que trata de persuadir al Todopoderoso de lo mal que están las cosas por allí, que a ver si se puede hacer algo, que si mira las ballenas, que si mira los ínuit, que qué mal. ¿verdad?

Y el Todopoderoso, lee la epístola y se dice, “Hostia, pues no tenía ni idea de que el asunto estaba tan feo. Johnny, escríbele algo a este cantante, que debe saber un montón del cambio climático y además parece simpático con ese acento y tal.”

Y es que está claro, sin el Ártico no tendríamos los cubitos para el whiski, y no digamos para el Gin-Tonic. Es un tema serio. Sé que les sonará algo burlesco y descarado. No obstante, les pido durante un segundo que examinen las cosas con un mínimo de gélida frialdad. ¿Qué hace un cantante miameño escribiendo una carta al presidente americano (no, estadounidense, no: americano) para salvaguardar el Ártico? En estos tiempos de verdadera confusión, donde lo blanco es negro, el norte sur, las piedras calientes terapia geotermal, donde el yogurt ya no caduca; en estos tiempos, digo, donde los futbolistas aparecen como modelos de humildad y abnegación (¡Ay!, Francisco, lo que te queda…) y los delincuentes son amnistiados; resulta que hacen falta cantantes para influir sobre los que mandan. Y me pregunto, ¿qué está pasando? A ver si los ingenieros, meteorólogos, geógrafos, matemáticos, biólogos, geólogos y científicos en general de Harvard, Columbia, el MIT, y las otras universidades resulta que sólo conocen el Nobel de las cajetillas (lo sé, gracia mala, pero es que no llega para más). A ver si los asesores, senadores y lobbies resulta que no se habían dado cuenta, todos en la inopia. A ver si los transportistas mundiales no estaban al tanto. Pero no nos preocupemos, un cantante puede resolverlo, puede armar a la opinión pública para que influya sobre los poderosos. Yes we can. Ahora Obama ha respondido. Se ha comprometido a proteger el Ártico personalmente. ¿O no?

El planteamiento es tan sumamente estúpido que no es que roce el suelo de la realidad, sino que orbita en la estratosfera del idealismo más pánfilo que cabe imaginar. El problema es que hay quien se toma estas cosas en serio, y se indigna ante risas como esta, apelando a una malsana insensibilidad hacia el cambio climático de gente como quien les escribe. Así que pido disculpas de antemano si les ofende, pero semejantes planteamientos de ecologismo ecuménico (El Ártico como Santuario Global), nueva religión trascendental, constituyen un despropósito completo. En primer lugar porque no aprovechar una ventaja estratégica, como la que suponen los recursos que se puedan explotar en el Ártico, constituye un error mayúsculo que Obama, el primer caso de Idealista Pragmático que gana un premio Nobel de la Paz (un chiste en sí mismo, por cierto), no parece dispuesto a cometer, teniendo en cuenta sus antecedentes. Por ello les recomiendo la lectura de la carta de respuesta del señor Presidente: todo un ejercicio de ironía:

Reconozco que el Ártico juega un papel crítico en nuestros esfuerzos para hacer frente al cambio climático, un hecho que usted vió de primera mano.

Traducción: ¿Pero qué pintas tú en el polo?

Este mayo, firmé la Estrategia Nacional para la Región Ártica que reconoce la importancia de la región y las líneas de acción para protegerlo de futuros daños.

Traducción: ya me ocupo yo si eso.

La estrategia nacional unifica los esfuerzos federales a lo largo de un amplio abanico de prioridades: fortaleciendo la cooperación internacional y asegurando los intereses de América.

Traducción: no te preocupes, que aquí nadie me va a mangar el pastel.

Y es que el irenismo buenista, que tiene como himno Imagine del inefable Lennon, está en auge. Una apisionadora de estolidez que casa bien con una ideología MTV: simple, directa y, si puede ser, con banda sonora.

Esperemos a que algún futbolista oriente la política exterior israelí, a que el cocinero mediático de turno organice el funcionamiento del Consejo General del Poder Judicial o, ya puestos, a que Falete evalúe los resultados del colisionador de Hadrones del CERN.

Ya puestos.

 

Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la SFPA.
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