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Borrador del real decreto de especialidades: hacia el mercado educativo pletórico.

El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ultima las modificaciones necesarias para completar su reforma educativa. Lo hace, como ya desde el principio, enajenándose de cualquier contacto con lo que algunos denominan “comunidad educativa”. Al menos con los agentes de la red pública pública (no es un pleonasmo) que debe concebirse allí como minoritaria.

Ahora semiaparece (solo han tenido acceso nuestros esforzados sindicatos) el borrador del Real Decreto de especialidades, que determina las atribuciones docentes del profesorado. Y como románticos nos hace suspirar… ¡Qué tiempos aquellos cuando los profesores lo eran de algo! Tan obsoleto como la cátedra o la pizarra, como el sereno o el walkman; ahora nos dirigimos hacia una globalización de atribuciones que da letra a lo que, por otra parte, ya estaba de moda en los centros docentes: la liberalización del mercado disciplinar.

El ministerio es coherente con su autismo, en el sentido patológico del término. Además parece muy feliz con ello. Ha resultado empíricamente más fácil para representantes educativos contactar con el grupo parlamentario del partido gobernante que con el propio Ministerio, que, como cierto castillo kafkiano, se comunica por cauces más subrepticios y sibilino (páginas electrónicas de funcionamiento dudoso, sirva de ejemplo). En lo que nos toca, cierto es que algunos representantes filosóficos han tenido encuentros cara a cara con representantes del Ministerio (ya hemos informado de ello). Pero una mínima reflexión mostrará que en esos últimos encuentros ni aquéllos eran tal ni estos más que mensajeros inanes. La reforma educativa ha sido asunto del tándem Wert-Gomendio, los cuales, cuan Hernández y Fernández, avanzan sorteando obstáculos sin conciencia de tropiezo.

Y el caso es que tienen razón. Esta reforma educativa se caracteriza por una «explosión liberal» y la reforma sobre especialidades es consecuencia lógica de ello (otro concepto demodé). Explosión de los sistemas educativos posibles en la educación española, puesto que las comunidades autónomas y los centros podrán establecer líneas de entre nueve y trece materias para sus estudiantes, dependiendo de la cotización del mercado o, lo que siempre es tranquilizador, de los planes y veleidades de las autoridades autonómicas y de los directores. Una cantina educativa, donde se podrá elegir entre double shot de matemáticas o filosofía al barista, antaño conocido como equipo directivo. ¡Qué tiempos aquellos en los que un profesor sabía de qué era profesor!

La posible presencia de múltiples materias en número variable de comunidad a comunidad e incluso de centro a centro hacía necesario que el profesorado entrase en una categoría que desbordase sus límites específicos. Ahora cualquiera podrá impartir casi cualquier cosa. El ‘casi’ está como prurito de vergüenza que todavía (¿todavía?) le queda a la auctoritas.

Imaginemos al profesor de Filosofía en su medio: el comercio de asignaturas a costa de la supervivencia en el centro, la habilitación in extremis, la reclamación de alguna migaja de obligatoriedad u “optatividad” que permita la conservación, la necesidad e incluso disposición a impartir cualquier cosa, llámese Griego o Cultura Valenciana 2. Algunos suspirarán aliviados, maledicente ironía, al saber que también el Ministerio proyecta asignar Valores éticos, la antigua nueva (no es un oxímoron) Alternativa a la Religión a los departamentos de Filosofía… y Ciencias sociales. Pero quien considere tal un éxito, que observe el paisaje que esboza este proyecto de Real Decreto.

La liberalización del mercado disciplinar exige la liberalización del mercado docente del que este borrador es resultado. Resulta llamativo que los medios de comunicación hayan escogido la especialidad de Filosofía para sus titulares. Pero si hubieran leído los borradores curriculares, como hemos hecho nosotros, verían que la Filosofía concebida por el Ministerio no se aleja demasiado del márquetin (MECD dixit). Para el autor del borrador la filosofía incorpora temas (en el bloque 7. Cultura y sociedad, leyendo los «criterios de evaluación») como la creación de proyectos empresariales (10. Conocer las posibilidades de la filosofía en la creación de un proyecto, en general y, en el ámbito empresarial), la mejora axiólógica del “clima laboral” (para lo cual, por cierto, preferiríamos el aire acondicionado sin legionela, a ser posible: 15. Comprender y apreciar la función axiológica de la Ética para establecer un sistema de valores que p ermita mejorar el clima laboral, comprendiendo que los valores éticos son clave para lograr el equilibrio entre innovación, sostenibilidad y competitividad), así como la culminación metafísica del mundo de la empresa (11. Comprender la importancia del modo de preguntar radical de la metafísica para proyectar una idea empresarial).

What the f**k!

De todos modos no hay de qué preocuparse. Ya Adela Cortina ha recibido un premio del MECD por su obra Para qué sirve realmente la Ética. Cosas de la consecuencia lógica.

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3 Comments

  • Alguien

    Todo muy cierto y salpicado con ironía kierkegaardiana. Pero que alguien me diga que es eso de «salutífero asamblearismo» que no logro entenderlo. La cosa seguirá como hasta ahora, así en este genial currículo Logsiano actual de ciudadanía, el ciudadano profesor debe hablar de: LOS PRINCIPIOS QUE ORIENTAN LA AYUDA HUMANITARIA; FUERZAS ARMADAS ESPAÑOLAS EN MISION DE PAZ; DE LA BARRERA FíSICA DE SEPARACION DE MELILLA, RELACIONES FAMILIARES…etc,etc. ¿De qué soy profesor? yo creo que de «Atención para el ganado lanar» Pero mientras me paguen, haré como si trabajara.

    • admin

      Hola «Alguien» (gallardo nombre), he eliminado uno de los comentarios por evidente redundancia, espero que no te importe. Agradezco el comentario y comparto esa confusión y me uno a esa atención para el mercado lanar que mencionas. Ahora bien, creo que no hacemos como si trabajáramos, más bien trabajamos realmente en esas cosas (no hay «als ob»). Ahí está el «cogollo» del asunto. O nos lo tomamos en serio o no habrá ni «como si». Un saludo.

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