A DIOS, LO QUE ES DE DIOS… ¿Y TAMBIÉN A DIOS LO QUE ES DEL CÉSAR? Carta abierta a la comunidad educativa del IES Les Dunes y a los ciudadanos de Guardamar del Segura

15 junio, 2015

El profesor Miguel Buendía nos ha enviado una carta abierta sobre educación que pasamos a publicar. El contexto es el de la aplicación de la LOMCE. En primero de bachillerato, nuestra comunidad autónoma ha decidido que los estudiantes elijan entre Religión, Anatomía aplicada y Cultura científica, como ya informamos aquí. El alcance de semejante decisión ya lo estamos empezando a conocer:

Miguel Buendía Muñoz, profesor del Departamento de Filosofía en el IES Les Dunes

El curso próximo, si se implanta la LOMCE, ¿podrán verse obligados algunos alumnos que aspiren a estudiar la carrera de Medicina, por ejemplo, a no cursar en nuestro instituto Anatomía Aplicada (nueva optativa de 1º Bachillerato), al tener que matricularse en Religión Católica si desean recibir el sacramento de la Confirmación? La disyuntiva Anatomía Aplicada vs. Religión Católica como opciones alternativas en Bachillerato puede resultar sorprendente; pero aún lo es más que desde una instancia no académica, el Consejo Pastoral de la Parroquia de Guardamar del Segura, se venga exigiendo desde hace muchos años que para recibir la Confirmación, un asunto del ámbito puramente religioso, en el ámbito académico los alumnos deban elegir como optativa Religión Católica, renunciando en la actualidad a estudiar Historia y Cultura de las Religiones o, en un futuro inmediato, la asignatura de Valores Éticos, que será la nueva opción alternativa en la ESO.

¿Se imaginan que el entrenador de baloncesto exigiera a sus jugadores juveniles que, para integrarse en su equipo, eligieran la optativa Educación Física, excluyendo así la elec-ción de Biología Humana u otras posibles alternativas del actual 2º Bachillerato? ¿Se imaginan –puestos a plantear otro injustificable chantaje: así lo calificaré yo por adelantado– que mi departamento, para aceptar la matriculación en la optativa de Psicología que impartimos, exigiera a los alumnos que renunciaran a recibir la Confirmación? Como avancé, ambas hipotéticas exigencias las juzgo yo mismo un chantaje: ¿qué hace una institución deportiva, un entrenador, predeterminando lo que sus jugadores puedan o no hacer en el ámbito académico? ¿Qué hace, a su vez, una institución académica, un profesor, predeterminando lo que sus alumnos puedan o no hacer en el ámbito religioso?

Pues bien, si esto es un

chantaje, ¿cómo podemos calificar la exigencia que, desde hace muchos años, se viene imponiendo desde las instancias eclesiásticas, consistente en que para recibir la Confirmación –e imagino que igualmente para hacer la Comunión–, los aspi-rantes a recibir dicho sacramento, un asunto religioso, tengan que cursar como requisito indispensable en el ámbito académico la optativa de Religión Católica?

Cansado de toparme con la Iglesia –como diría Don Quijote–, hace ya más de dos años (en mayo de 2013) y ahora más recientemente (el pasado 28 de mayo), he discutido el asunto con uno de los miembros del citado Consejo Pastoral. Sus argumentos para defen-der la exigencia eclesiástica en relación con la optatividad académica –exigencia que, por supuesto, no consideran un chantaje– son básicamente dos: en primer lugar, conciben las clases de Religión Católica como complemento de la catequesis preparatoria de quienes van a recibir la Comunión o la Confirmación; y, en segundo lugar, al exigir a sus feligreses matricularse como alumnos en Religión Católica, no coaccionan en absoluto –según ellos– a los alumnos y a sus padres, pues estos, si no están de acuerdo con tal condición, siempre pueden optar (renunciando, claro, a recibir el sacramento…) por no matricularse en Religión Católica.
Juzgue el lector, para empezar, su segundo argumento. Si desde instancias y por razones eclesiásticas se predetermina lo que los alumnos puedan o no hacer en algún aspecto de su vida académica, ¿se está o no coartando su libertad y la de sus padres? Desde el Consejo Pastoral defienden que no. Yo, por mi parte, califico tal coacción como un chantaje –según el DRAE, «Presión que, mediante amenazas, se ejerce sobre alguien para obligarle a obrar en determinado sentido»– que, además de impedir el pleno ejercicio de la libertad de alumnos y padres en dos ámbitos independientes (el religioso y el académico), en última instancia vulnera la separación entre Iglesia y Estado sancionada por nuestra Constitución.

Esta misma separación entre Iglesia y Estado, aquí reivindicable como independencia entre el plano religioso y el educativo, permite igualmente cuestionar su primer argumento. ¿Pueden los miembros del Consejo Pastoral desear que la labor parroquial de sus cate-quistas sea complementada por la labor académica de los profesores de religión? Por supuesto que sí pueden desearlo, ¡lo que no pueden es imponerlo! Yo mismo juzgo razonable que la mayoría de los alumnos que piensen recibir la Confirmación se matriculen, de acuerdo con sus padres, en la optativa de Religión Católica. Pero en tal acuerdo –insisto en ello– la decisión corresponde única y exclusivamente al alumno y a sus padres, no teniendo derecho desde cualquier otra instancia a predeterminar su decisión.

Y si en el Consejo Pastoral piensan que su labor catequética requiere de complementos, aunque no sea yo quién deba orientarles sobre cómo complementar su labor, sí creo tener derecho, como ciudadano y profesor, a rogarles que no pretendan imponer tales complementos en el ámbito académico. Porque, puestos a buscar complementos, ¿se les exige, por ejemplo, a quienes se van a confirmar que asistan asiduamente a misa, condicionante del mismo plano religioso, en la misma medida que se les impone que en el instituto se matriculen en Religión Católica?

Señalar, por otra parte, que como aval de la independencia entre lo académico y lo religioso, además de apelar –como hice más arriba– a la Constitución Española, podemos recurrir al mismísimo Evangelio. Recordemos, en efecto, que –según San Marcos (12, v.15-17)– cuando Cristo fue tentado planteándole si debían o no pagarse los impuestos al César, respondió con estas palabras: «Traedme un denario que lo vea. Se lo trajeron, y les dijo: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Ellos dijeron: Del César. Jesús replicó: Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que de Dios. Y se admiraron de Él».
Aplicando el consejo evangélico, creo que sería oportuno que padres y alumnos, al cumplimentar la matrícula del instituto, se preguntaran a qué ámbito pertenece el mem-brete de las varias hojas que tienen que rellenar. Al hacerlo comprobarán que aparecen los datos y el logotipo del IES Les Dunes (o los de los colegios Molivent o Reyes Católicos…) y sería deseable que obren en consecuencia: tomando libremente sus decisiones en relación con lo que en el plano académico les demanda el Estado (el César…) y olvidándose al deci-dir, no de sus convicciones religiosas –que libremente pueden inclinarles por elegir la opta-tiva Religión Católica–, pero sí de cualquier otra imposición que, como autoproclamada portavoz de Dios, en ese momento y sin venir a cuento, pretenda imponerles la Iglesia.

«Dad, pues, al César lo que es del César –sentenció admirablemente Cristo– y a Dios lo que de Dios»: ¿pretenderán sus ministros ser más sabios que Él?

Guardamar del Segura (Alicante),
12 de junio de 2015

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Categorías: General, Información, Legislación, Noticias by admin
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