Reunión de coordinación de selectividad: Un giro de 360º.

12 noviembre, 2008

Cualquiera que asista a una reunión de coordinación para las pruebas de selectividad sentirá que una fuerte tentación de adoptar el escepticismo pirrónico respecto al conocimiento de la realidad, y el pesimismo como filosofía de vida.

La reunión había sido anunciada como importante, como muy importante, incluso como decisiva para el futuro de la materia de segundo de bachillerato, ahora mismo el último baluarte filosófico, el único reducto de filosofía que no ha sido marcado por su omnímoda pareja, con la que se nos adjunta, como si de una mal avenida unión de hecho se tratara. Incluso se insinuaba en los mentideros filosóficos (es decir, los foros, como el nuestro básicamente) que existiría la posibilidad de votar varios modelos de examen para que la democracia se ejercitase en esa asamblea de sabios platónicos que el ateniense soñaba en su intimidad.

Así que de todos los rincones de la provincia llegaron filósofos y filósofas a escuchar la buena nueva, a las siete de la tarde. Entonces llegó nuestro coordinador. Y todo comenzó con estas expectativas. Fuimos a tratar el primer punto del día… pero no lo conseguimos.

De hecho la reunión comenzó con una serie de quejas sobre los criterios de selección de los temas para la redacción del examen. La redacción de Nietzsche sobre el nihilismo fue criticada por considerarse, digamos, colateral al texto de lectura obligatorio, curiosamente, sobre la Verdad y la Mentira, ni más ni menos. El coordinador respondió que esperaba recibir los temas que los profesores trabajaban en clase, que cada año lo decía, y que nunca nadie lo hacía (que es como para echarse a pensar también).

La polémica no se suscitó ahora acerca de si el tema de redacción del examen debía versar, como las preguntas, sobre algún tema que aparezca en el texto del examen – está ya claro que no – , sino sobre si el tema de la redacción debe versar sobre algún tema que aparezca en el texto de lectura obligatoria. Parece (sólo parece) que quedó también claro que no. Así, el coordinar decidió una redacción sobre el nihilismo a pesar de que éste no aparece explícitamente en el texto de lectura obligatoria actual de Nietzsche, Sobre Verdad y Mentira en Sentido Extramoral. Una compañera se mostró insatisfecha con la respuesta, dado que ella había realizado la estimable proeza exegética de exponer a Nietzsche sin hacer mención del nihilismo. Pocos compañeros parecían haberla seguido en tan arriesgado viaje.

Una vez el tumulto que se generó logró extinguirse, y parecía que al fin íbamos a empezar la reunión, se planteó la cuestión de qué partes del Discurso del Método entraban en la prueba de este año. Otra persona intervino, y determinó que la decisión adoptada al respecto era que solo entraría hasta la cuarta parte inclusive. Este tema es recurrente, como el problema de la hipótesis del continuo o la determinación del spin en los electrones, en las reuniones de matemáticas y física respectivamente, y como es bien sabido.

Después de unas cuantas tentativas, en las que se llamó la atención sobre nuestro carácter fogoso y poco atento, sobre nuestra propensión a la polémica y a la dispersión, comenzamos a hablar de la nueva prueba. De importancia crucial, definitiva. El coordinador nos informó de que el diseño se basaba en tres elementos:

1. La legislación pertinente. Ahora mismo en forma de borrador, no sea que nuestra administración del Estado determine a tiempo el contexto de trabajo y las cosas vayan a funcionar adecuadamente, no lo quiera nadie.
2. Los especialistas, cuya labor consiste en poner un examen. Reunidos en una mesa de coordinación que había estado trabajando durante un año, en el que muchas críticas fueron propuestas, por lo que se podía confiar en la solidez de las mismas. El coordinador indicó que estaban tratando de eliminar sus criterios subjetivos en la elaboración de las pruebas, para no dar lugar a polémicas como las anteriores. Se expusieron los modelos, y se señaló que algunos habían sido desestimados en sucesivas votaciones.
3. Los profesores: la asamblea, el populum, nosotros.

Se entregó el modelo en el que se estaba trabajando, como boceto, pero ya avanzado y perfilado, para orientarnos. Entonces llegó el momento de satisfacer nuestras expectativas. Y el resultado es que la prueba será como era: un texto de lectura, una pregunta sobre argumentación (que por su incomodidad manifiesta ha sido precisada a esquema o síntesis), otra sobre definición de términos, una tercera de redacción, y por último, la cuarta, en la que se buscará establecer relaciones con otros filósofos o de aplicar “las ideas [...] a problemas reales de su época o de la vida actual”.

Como señalaron algunos compañeros, esta última estaba incluida en la vigente redacción, que no disertación –palabra afrancesada y llena de connotaciones utópicas, idealistas e incluso “sesentayochistas”- por lo que se mostró cierto desacuerdo con ella. El argumento del compañero que asistía a la comisión fue que este punto se perdía en muchas ocasiones, por lo que, al dejarlo aparte, y premeditadamente ambiguo, podía incrementarse el resultado de las pruebas. Una buena respuesta, en opinión de quien escribe. También se precisó la posibilidad de determinar el campo temático de las redacciones posibles, de modo que la discrecionalidad de las mismas por parte de los especialistas disminuyese.

Por otra parte, el currículum de cuatro parejas se mantiene, con la incorporación de un fondo de reserva de dos parejas, para aportar cierta novedad de vez en cuando. Para tener que quitar de vez en cuando el polvo a nuestras añejas lecciones amarillentas, para despedir durante un tiempo al menos a nuestros preferidos filósofos predilectos, para intercambiar los cromos de la sabiduría y poder descartarnos en el juego diario de nuestra actividad lectiva. Russell (¿Russell?) y Ortega aparecían en lontananza (qué extraña fijación con el madrileño tenemos, como si no hubiera habido nada antes ni después)

Después intervino de nuevo el compañero que estaba en la comisión de elaboración de la prueba, para hablarnos de los textos propuestos. Leves variaciones salvo fragmentos de las Confesiones del (pseudo)hiponiense, la Suma Teológica del (pseudos)aquiniense, el Contrato Social del ginebrino, la Genealogía del röckentino (?) y cierta incertidumbre sobre los antedichos quasi-contemporáneos.

Algunas preguntas, apreciaciones e intervenciones después se logró dar por cerrado el encuentro con esa sensación de lo ya conocido, de lo esperado que se confirma, de lo de siempre que sigue igual. No hubo votaciones, y las propuestas serán atendidas, se dijo, pero no se desaprovechó la ocasión para indicar que seguiríamos reuniéndonos, que el asamblearismo no tenía cabida, y que las jerarquías son las jerarquías, incluso entre los sabios filósofos. Y uno se pregunta: ¿no bastaba con un e-mail?

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Categorías: General, Información, Reunión by admin
1 comentario »


1 comentario en “Reunión de coordinación de selectividad: Un giro de 360º.”

  1. Yo soy incapaz de asistir a esas reuniones. Me ponen enfermo. Creo que la Filosofía no debería ser objeto de examen en selectividad. El poco tiempo que tenemos para reflexionar lo dedicamos a enseñar a los alumnos cuatro trucos para superar una prueba de acceso a la Universidad. Saludos a todos. Eduardo Vallinas.

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