A continuación presentamos un texto de lectura muy vigente que vale la pena revisitar. Se puede encontrar en el tomo III de las Obras Completas de Ortega. El texto es de 1923, y ofrece múltiples lecturas, algunas de ellas sumamente actuales. Esperamos vuestros comentarios:
Según oigo, es Kerschensteiner uno de los pedagogos más eminentes de la hora que corre. Sin embargo, me encuentro con que para el señor Kerschensteiner el fin general de la educación es educar ciudadanos útiles, en cuanto han de servir a los fines de Estado determinado y a los de la humanidad. Yo no concibo cómo un hombre de tan excelente criterio puede decir una cosa así. Ello da medida del descuido en que andan las ideas pedagógicas de nuestro tiempo. Esta trivialidad procede de múltiples causas; pero una de ellas es más fácil de definir que las demás y, en cierta manera, las resume a todas. Me refiero al anacronismo constitucional que suele padecer el pensamiento pedagógico.
La pedagogía no es sino la aplicación a los problemas educativos de una manera de pensar y sentir sobre el mundo, digamos, de una filosofía. Nada importa a la cuestión que esta filosofía sea un sistema científico riguroso o una ideología difusa. El dato importante está en que el pedagogo no ha sido casi nunca el filósofo de su pedagogía.
El pedagogo que escribe un libro en 1922 no fundamente éste en las ideas filosóficas de 1922. [...] se ha contentado con recibir la filosofía de sus maestros, por tanto, de una generación anterior. En efecto, la pedagogía de 1922 se nutre de la filosofía de 1890. Pero como además hace falta una larga campaña para que las ideas impresas en el libro lleguen a informar las leyes y la vida escolar, resulta que la doctrina de 1922 no empieza a ser vigente en las escuelas hasta 1940. Con lo cual venimos a la grotesca situación de que los niños de 1940 son educados conformes a las ideas y sentimientos de 1890, y que la Escuela, cuya pretensión es precisamente organizar el porvenir, vive de continuo retrasada dos generaciones.
[...] En 1890 regía el alma europea una interpretación política de la historia y del hombre. Se pensaba todavía, con Kant y con Hegel, con Comte y Stuart Mill, que la existencia humana, a lo largo de los siglos, habia sido como una preparación para la conquista de la libertad política y de un cierto orden jurídico que se denomina Estado. Pero hace ya un cuarto de siglo que esta manera de pensar inició su reflujo, y hoy sólo insisten en ella los rezagados, muy especialmente los rezagados típicos de nuestro tiempo, que son los políticos “izquierdistas”. No creo que exista hoy en Europa ninguna cabeza “actual” a quien no produzca un efecto cómico que del gigantesco hecho humano se destaque como lo más importante, lo más valioso, el enteco atributo de la ciudadanía. [...] Se impone hoy de tal modo a nuestra mirada el carácter cósmico de la historia y del hombre, que cuanto acaece en la dimensión política tiene sólo una significación superficial.
Por esta razón, quien pese bien el sentido de las palabras “educación del hombre”, no puede menos de soltar una carcajada cuando lee que el fin de la educación, nada menos que el fin, es educar ciudadanos. Sería como decir, con otras palabras, que el fin de la educación es enseñar a los hombres a usar el paraguas. ¡Ciudadanos! ¿Y todo lo demás que el hombre es mucho más profundamente que ciudadano, más permanentemente? ¿Quién no advierte el increíble error de perspectiva que esa doctrina pedagógica comete?
Esta manera de pensar, además de errónea, me parece de un a modestia excesiva. Se supone que la pedagogía debe adaptarse a la política, con lo cual, entre otras cosas, nos sometemos a un nuevo factor de anacronismos. Cuando se considera que es fin de la educación hacer de los niños ciudadanos útiles para los fines de un Estado determinado, se olvida que mañana, al ser hombres los niños, el Estado para el cual se los educó ha cambiado. Se les educa para ayer, no para mañana. Bien lo advierten ahora las inteligencias mejores de Alemania. Una generación educada para un Estado imperial, regido por principios autoritarios tradicionales, se ve obligada a vivir en un Estado democrático parlamentario.
No pretendo con esto negar que la educación haya de tener en cuenta que el niño de hoy va a ser mañana ciudadano o, en términos menos circunstanciales, elemento activo de una comunidad histórica determinada. Pero de esto a definir el fin de la educación como fabricación de ciudadanos hay un buen trecho. Y no basta ampliar la idea, como hace Kerschensteiner hablando de los fines de la humanidad, porque se entrevé desde luego que los fines aludidos son también políticos, bien que vagamente internacionales.
Yo espero que nuestro siglo reobre contra este empequeñecimiento de la obra educativa. Viene en Europa una ejemplar desvalorización de todo lo político. De hallarse en el primer plano de las preocupaciones humanas, pasará a rango y término más humildes. Y a todo el mundo parecerá evidente que es la política quien debe adaptarse a la pedagogía, la cual conquitará sus fines propios y sublimes. Cosa, por cierto, que ya Platón soñó.
José Ortega y Gasset, Revista de Pedagogía, enero de 1923.
el 10 Noviembre, 2009 a las 19:38
Hay otro texto de Ortega de 1910 titulado La pedagogía social como problema político. Dice Ortega: “(…) la pedagogía es la ciencia de transformar las sociedades. Antes llamamos a eso política: he aquí, pues, que la política se ha hecho para nosotros pedagogía social y el problema español un problema pedagógico (…) Verdaderamente se vio claro desde un principio que España era el problema y Europa la solución”
¡Europa la solución!
el 10 Noviembre, 2009 a las 21:47
¡solución militar, hombre!
cuando oigo a nuestros políticos eso de tenemos que ilustrar, hacer pedagogía, etc., me pregunto por qué no se dedican simplemente a hacer bien su trabajo -por cierto tb en sábado, y como mucho, dependiendo del cargo, durante algunos años no mayores a un decenio-, y nos dejan trabajar a nosotros, que somos los dedicados a la pedagogía, a la ilustración, etc.
pues no, aquí al revés.
bueno, el texto de Ortega no me convence demasiado. Ortega en historia pecaba del pecado de la “historia concebida” (sin pecado concebida). y da igual que ahora se ponga muy siglo XX y diga eh que yo estoy a la última y ahora no es la política la que educa sino la pedagogía la que hace política.
es un tema largo. Andrés, esperamos tu enésima conferencia sobre el tema, pero esta vez nada de tembleques, hay que salir valientes a la plaza y torear el astado.
John Dewey, al que se le echan todas las culpas de lo que en España es la Logse injustamente, pq la Logse no es un invento americano, sino europeo, y de una cierta Europa, rousseauniana, y en concreto, esta pedagogía Logse, inglesa -Stenhouse es el nombre del artífice-, tampoco estaba por una “educación PARA la ciudadanía”.
lo que pasa es que como digo Ortega viene a cometer el mismo error de los que critica, sean Stuart Mills o Hegels, que es un error que ahora llamaré de tipo positivista.
esto más allá de lo sugerente que pueda ser este texto juvenil.
el 11 Noviembre, 2009 a las 9:04
Pues espérame sentado majo, porque al contrario de lo que a tí te pasa (según lo que tú mismo nos has manifestado) yo no “estoy impaciente por dar mi charla”, entre otras cosas, porque no la llevo preparando como tú “desde el verano”. ¡Jesús! Lo mío es más improvisación sobre la marcha que otra cosa. Y creo no equivocarme demasiado si digo que la causa de mi falta de ganas no dista mucho de la que produce también desgana en otros.
El protagonista de esta entrada era Ortega. Pero ¿adivinen quién lo es ahora, de nuevo? Sí, el mismo.
el 24 Noviembre, 2009 a las 20:39
ostras, no seré yo el que te causa la falta de ganas? esto es agradecimiento, sí señor. pero en fin, el protagonista de la entrada no era Ortega, ni el texto sobre Ortega de ANDRÉS, sino la pedagogía, la política, etc. pensaba decir o añadir algo más, no esperes de mí que deje de reirme y hablar, porque no. ¡pero ya no me acuerdo! a ver cuando te reconviertes del partido de la envidia -normalmente siempre a la izquierda- al partido de las simples y verdaderas ganas. ya puedes anunciárselo a tus alumnos.