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Author Topic: Escritos sobre EpC  (Read 1605 times)
Angel
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« on: 15 de July de 2008, 01:28:51 am »

I. Filósofos, ciudadanos, alumnos, profesores, padres, y todas las demás ó
Filósofas, ciudadanas, alumnas, profesoras, madres, y todos los demás

Ángel Martín.

La materia de ECDH ya es una realidad. Quisiera presentar algunos hecho para continuar con un debate necesario, que, en contra de lo que pudiera parecer, parece que sí se concreta y determina, como un haz de luz que se va focalizando. Puede uno estar a favor o en contra de la Ciudadanía (me refiero a la materia, no a la idea), pero el hecho que se va a defender es muy simple: la inclusión de ésta en segundo de ESO ha resultado más perjudicial que beneficiosa.

Una hora a la semana no permiten demasiado adoctrinamiento, lo sabe cualquier tutor que ya se encargaba en parte de las tareas ahora adscritas a la ECDH. Tampoco la solución de impartir en inglés la materia parece una buena idea: ha generado un rechazo generalizado entre el profesorado encargado de ella, hasta el punto de que algunos institutos han levantado la voz contra su Conselleria, forzando al límite sus posibilidades de rebeldía contra la institución de la que forman parte. Tampoco la idea de ofrecer una opción-b parece una gran solución, el hecho de que el profesor tenga que consensuar el currículum con los padres de sus alumnos para la realización de trabajos constituye una acción a la que ningún profesor está acostumbrado (ni siquiera el de religión, cuya situación es anómala por lo que se refiere a su nombramiento, pero no a su contenido curricular).

Cada pareja de progenitores tendrá sus ideas, como es evidente, o cada progenitor por separado las suyas, en cuyo caso pueden producirse roces y conflictos que el profesor tendrá que administrar, o cada tutor los suyos, y no digamos en parejas de divorciados o separados o peleados, donde las divergencias fueron en su momento insalvables, de modo que ahora se puedan expresar en “lo que yo quiero que le enseñen a mi hijo contra lo que tú quieres”. No significa que los padres no puedan comprender los contenidos curriculares, la cuestión no es esa, sino mucho más sencilla.

El profesor tendrá una hora a la semana con treinta alumnos aprox. Tendrá que corregir un trabajo y ponerle nota. No tendrá libertad de ningún tipo para trabajar la materia (ni tan siquiera para criticarla), y será visto como un sospechoso por parte de las familias, como un adoctrinador, es decir, como una amenaza a la salud moral de sus hijos, que solo gracias a la presencia salvadora de la opción-b ha podido evitarse. ¿A quién le gustaría verse en esa posición? Se esté a favor o en contra, el profesor se verá en una situación de incómoda desconfianza para una hora. Pero no estará solo, sino que un profesor de inglés le acompañará, pero no dará su clase, ni podrá elegir sus contenidos, sino que el tema le afectará colateralmente, dado que su función se restringirá a proporcionar vocabulario a los alumnos. Será un diccionario andante.

Las consecuencias me parecen muy claras: los profesores estarán incómodos, molestos y desmotivados ante esta asignatura. La opción-b será un éxito porque representa el absoluto fracaso de las maneras de hacer de nuestras administraciones. Y si ésta triunfa, la ECDH será un fracaso, lo cual será un éxito para Conselleria. Y si Conselleria triunfa el Ministerio fracasará.

Cabe decir que la expectativa de Conselleria es que la mayoría del alumnado escoja la opción-b. No porque esté concienciado, sino porque de ese modo se ahorra recibir clases y hacer exámenes. Si cualquiera es capaz de recordar los trece – catorce años, supongo que convendrá conmigo en que los estudios constituían una obligación ingrata, pero necesaria, de la que no le era posible escapar. Si se le ofreciera a cualquier alumno la posibilidad de escoger entre recibir la asignatura de matemáticas en inglés y con exámenes, o con trabajos y sin ellos, cuántos se irían a la primera opción. El dilema se resuelve a sí mismo. Entonces los criterios de decisión no dependerán de este sencillo cálculo que cualquier alumno puede hacer, sino de criterios que más bien serán extrínsecos a los educativos, y de índole más bien política.

Y este es el quid de la cuestión, como es bien sabido. Elegir una opción u otra permite situar a las familias en el campo político, permitirá discernir con la misma eficacia que ciertos brazaletes qué eres, qué son tus padres, y a qué tienden.

Como es notorio, tampoco la implantación de la materia en un curso u otro de la ESO ha obedecido a criterios pedagógicos. En las comunidades gobernadas por el PSOE, la tendencia ha sido a situarla en segundo de la ESO, el año pasado, mientras que las gobernadas por el PP han retrasado, todas, su implantación un año, lo que las condenaba a situar en segundo la materia.

Por lo tanto, ni los profesores, ni los pedagogos (que no son los mismos), han salido ganando con la batalla de la ECDH. No ha respondido a criterios pedagógicos reales, sino solo superficiales. Tampoco los filósofos que la han defendido creo que estén satisfechos con esta situación. Asentados en sus cátedras universitarias verán desde arriba el desastre y se llevarán las manos a la cabeza, o se dedicarán a vender sus libros en las desoladoras aulas de la ESO. Pero creo que si se toman en serio lo que la EpC representa no creerán que esta situación sea la idónea para sus objetivos.

Durante el periodo de la guerra fría, las potencias aprovechaban conflictos periféricos como campo de batalla ideológico, y algo similar sucede con la educación en nuestro país. Por ejemplo, se dice que el PSOE planteó la materia de Ciudadanía como su reforma estelar de la educación. Pero tal cosa se contradice con la realidad: implantar una asignatura de una hora a la semana como algo revolucionario es poco menos que una broma de mal gusto. De modo que la solución fue añadir Ciudadanía a las materias típicamente filosóficas, una decisión de desastrosas consecuencias, independientemente de que se esté a favor de esta conjunción. Desastrosa porque ha conducido a la pérdida de horas lectivas, y esto es funesto para unas materias que ya venían sufriendo las consecuencias del utilitarismo social y de la pedagogía bienintencionista. La ética ha perdido horario en algunas comunidades, como Murcia, quedándose con una hora lectiva. Y Filosofía también ha perdido carga horaria, de modo que el curso próximo dispondrá solo de dos horas a la semana para cumplir con su currículum en la Comunidad Valenciana.

El PP ha utilizado su potestad autonómica para implementar la LOE a la baja en todo lo que tenga el apellido de Ciudadanía. La cosa no acaba ahí. Los tribunales compiten con sus sentencias en añadir confusión, contradicción y crispación. Los medios analizan la procedencia de los jueces que dictan las sentencias, de modo que al final la educación, el poder judicial, los medios de comunicación, y las propias familias que se verán obligadas a tomar partido, se ven contaminadas por este virus político impulsado por los que nos gobiernan.

Sin embargo, el análisis de las consecuencias de la aparición de la Ciudadanía en bachillerato puede desprenderse de la política para emitir una evaluación. Perder una hora de Filosofía es malo, objetivamente, porque una materia de dos horas lectivas en bachillerato, no permite ni de lejos afrontar sus contenidos específicos. Y es que aquí hay otra lucha encubierta, la de las horas semanales que corresponde a los departamentos, ese campo de batalla al que nos vemos abocados a causa de la desunión, la indiferencia, e incluso el desprecio del que adolece el profesorado entre sí. Quiénes son los grandes vencedores de esta contienda: los departamentos de Biología y Geología, y los de Física y Química, que ganan dos horas lectivas en primero de bachillerato por la implantación de la Materia de Ciencias para el Mundo Contemporáneo. Los departamentos de ciencias, tendrán más horas para gestionar sus conocimientos y transmitírselos a los alumnos. Sin embargo este triunfo encubre una materia da dudosa utilidad por resultar redundante, superficial y dedicada a proporcionar una visión ligera de cuestiones coyunturales pseudo-científicas. Recuerden que la velocidad del sistema educativo es algo más lenta que la de la ciencia. Dentro de uno años el debate sobre las células madre podrá haber desaparecido, pero aún estará en los currículos de CCpMC.

No habría sido más lógico aumentar las horas de Física y Química, o Biología y Geología, antes que introducir una nueva materia. Y si lo que se quería era aumentar el conocimiento de los alumnos que escogieran la opción de bachillerato de Humanidades o de Ciencias Sociales de esos temas, por qué no incluir una optativa, o reorganizar las materias, en lugar de simplemente añadir sin calcular las consecuencias.

Podríamos entrar en la polémica de la utilidad de la Filosofía, si sirve para algo en el mundo actual, sin duda descabellado y esperpéntico. Defender la necesidad de la Filosofía ha sido una constante histórica, así que no sería algo nuevo. Aunque creo que ya Aristóteles presentó el mejor argumento contra sus críticos, con me permitiría remitirles a él para responder.

En conclusión: a) Si la Ciudadanía ha permitido, en el marco de la LOE, reducir el horario de las asignaturas de Ética y Filosofía, como demuestran los datos. b) Si la Ciudadanía va a provocar anomalías en la práctica docente del profesorado (como son sus dos opciones a y b en el caso de la Comunidad Valenciana o como son las objeciones en algunas comunidades). c) Si la Ciudadanía no puede ser la reforma estrella que pretende el PSOE del sistema educativo, dado que una materia de una hora no puede merecer tal epíteto. Entonces la conclusión me parece muy clara: independientemente de la valoración político-ideológica que merezca la Ciudadanía, su implantación ha resultado objetivamente más perjudicial que beneficiosa.

Alguien puede decir que este perjuicio lo genera Conselleria con su propuesta de dos vías para la materia, o no dar la tercera hora a Filosofía. Otro puede responder que es el Ministerio, quien ha abierto la posibilidad con la incorporación de una nueva materia en segundo de la ESO y su incorporación a las materias preexistentes de Filosofía. Quien desee perseverar en tan estéril debate se entremezclará en cuestiones que escapan a las intenciones de este escrito. La realidad educativa es que se ha perdido coherencia, consenso y horario lectivo. Coherencia porque todo el proceso roza o traspasa los límites del absurdo, como podrá notar cualquiera que lo haya seguido. Consenso porque las materias de Ética y Filosofía nunca habían generado el rechazo de las instituciones y de parte del profesorado encargado de impartirla (lo cual sería un contrasentido mayúsculo).

Pero es que además, desde un punto de vista pedagógico también su enfoque ha sido erróneo y chapucero. Los mismos pedagogos recomendaban que la ECDH tuviese continuidad con las labores tutoriales ya existentes. Esto no se ha respetado, ni reflejado en ninguna medida.

Se puede estar a favor o en contra de la Ciudadanía, pero espero haber demostrado que su implantación ha sido y es altamente perjudicial para el sistema educativo, y para el profesorado de Filosofía en particular, independientemente de la valoración que merezca. Las soluciones pasan por recuperar la cordura y ofrecer una reforma del sistema educativo que cuente con el consenso de al menos los grupos mayoritarios, para que no se reproduzcan esta situación y es sistema educativo mejore por fin.

Por último quisiera terminar comentando por qué esto no se va a producir. No existirá ese consenso porque los actores políticos en nuestro país no conocen, siquiera de lejos, en qué consiste el interés general, y utilizan cualquier espacio para sus luchas encarnizadas. Así se mantiene a la población ideologizada y reactiva a cualquier propuesta de los contrarios. El interés electoralista es prioritario, sin importar las consecuencias y los medios para conseguir el mantenimiento del número de votos. Somos solo los daños colaterales de esa batalla. Los que no importan.
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Angel
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« Reply #1 on: 15 de July de 2008, 01:30:20 am »

En el blog de Filosofilia se ha publicado un texto de Agustí Zaragozá Granell: "EpC, autòpsia d'una mort anunciada" (http://filosofilia-filosofilia.blogspot.com/2008/07/educaci-per-la-ciutadania-epc-autpsia.html)

No lo voy a reproducir sin permiso del autor, pero incluyo una reflexión al respecto. Es algo extensa como para incluirla en el blog, y como tiene por objeto promover el debate, la incluyo en el foro, tal vez su lugar natural, aunque algo extensa.

En respuesta al texto de Agustí Zaragoza: EpC: autòpsia d'una mort anunciada

Es innegable la labor de difusión y denuncia que ha llevado Filosofilia junto con otros blogs que se han ido dando a conocer este año. El trabajo de comunicación conjunta entre los blogs está dando lugar a la creación de un espacio llamado Iniciativa Filosófica que está en fase de desarrollo y que pretende ser interlocutor, movilizador y cohesionador de las diferentes tendencias que existen respecto a la defensa de la Filosofía en el Pais Valencià. Sin deseo de extenderme en este tema, la Comunidad Valenciana es un caso especial en el panorama español, no solo por lo que respecta a la aplicación de la LOE.

Ahora, Agustí Zaragoza traza una línea de interpretación respecto a la EpC, de modo que ya vamos adoptando posiciones de cara al pistoletazo de salida para el curso próximo. En contra del ocio veraniego, aún hay gente que publica, reflexiona y comparte sus ideas en nuestro territorio.

Quisiera analizar cuáles son las premisas del análisis de A. Zaragoza, para confrontarlas con las mías, de modo que podamos situarnos recíprocamente en una relación constructiva, pensando en la Iniciativa Filosófica que esperemos articule los diferentes discursos existentes al respecto de nuestro problema.

En primer lugar se toma a Font de Mora como una figura simbólica en lo que a la implantación de la EpC se refiere. Obviamente su cargo como Conseller d´Educació le hace responsable principal de ésta, pero también es reflejo de un modo de hacer y de un grupo de poder que ha actuado como actor principal en el modelo desarrollado. Font de Mora aparece como el enemigo final al que debemos batir para alzarnos con la victoria. Aparece como el antifilósofo, como el irracional representante de un poder vetusto que se niega a soltar el báculo de sus débiles manos.

Por extensión metonímica, se trata en general de los objetores a la EpC, a los cuales se les denomina forenses detractores de la vida, defensores de una moral fúnebre, apasionados de la muerte, por poner solo unos ejemplos. Me interesa profundizar en las características que se les atribuye:

a)   Quedan caracterizados como defensores de una “sociedad cerrada”, frente a la “sociedad abierta” representada por los filósofos [Nota: Nota: Si la EpC representa algo así como una moral laica, que compite con la religión, antes que imponerla en el sistema educativo, hubiera sido preferible suprimir la religión misma del sistema educativo. Total, la polémica habría sido la misma, sin embargo la legitimidad de las reclamaciones habría sido menor si se concediese la enseñanza de las cuestiones religiosas a las parroquias respectivas (labor que por cierto, y además, ya hacen). En cualquier caso no podemos jugar al doble discurso de decirnos críticos con la religión y defender la presencia de las Alternativas como solución a nuestros horarios. Habría que pedir más bien su desaparición].

Estos temas, sin embargo, nos afectan no en tanto que profesores de filosofía, sino como educadores de enseñanza pública.

c) Sin embargo, y ya hablando al nivel general de la EpC en España, no han sido exclusivamente los antifilósofos los que han criticado la materia. Tendencias filosóficas tan dispares como la del materialismo de Gustavo Bueno y sus seguidores, o la de Carlos Fernández Líria y los suyos han levantado la voz contra esta asignatura por una razón u otra. Incluso Antonio Marina, en Elche, nos comentó lo mal que se habían hecho las cosas con esta materia. Dentro de nuestra propia sociedad hay profesores de filosofía poco o en absoluto partidarios de la Ciudadanía. Podría suceder que no estuvieran hablando filosóficamente, sino ideológicamente –desde su perspectiva política por decirlo así. Pero tal cosa es difícil de delimitar, y me ciño solo al hecho externo de que pertenecen al campo de la Filosofía y se muestran en contra.

Otra cosa es si hablamos del desarrollo en nuestra Comunidad. Ese es otro tema, porque implica hablar de su implantación en inglés y con dos opciones. Ya he dicho en otra parte lo absurdo de todo esto. Las medidas en contra pasan por llevar la orden a los tribunales, como ha hecho algún sindicato y parece que el Ministerio. Pero no sé si apelar a razones de integrismo religioso será la mejor opción. Creo que la mejor opción pasa por tomarse muy en serio la impartición de la materia, la presentación de los trabajos, y la evaluación en inglés. Con un mínimo de rigor el resultado será que el porcentaje de suspensos en EpC sobrepasará al de cualquier otra materia en segundo, y puede que en toda la ESO. Esta es una propuesta que se podría discutir en la plataforma de Iniciativa Filosófica.

Aquí el problema es que la opción-b no ha llegado a discutirse en ningún lugar, sino que se ha impuesto por imperativo de Conselleria en contra de cualquier diálogo, por motivos completamente ajenos a la Educación. En contra de eliminar o paliar los nocivos efectos de implantar una materia con un sesgo político muy fuerte, lo que se ha hecho aquí es consumar esa tendencia, es decir, llevarla a su culminación.

Podemos recopilar argumentos contra la opción-b y contra el inglés. Existen argumentos pedagógicos (una libertad de cátedra anulada), organizativos (trastoca todos los horarios), económicos (implica un aumento injustificado del gasto que se podría invertir en cosas mejores para evitar el fracaso escolar) e incluso psicológicos (desmotivación del profesorado obligado a impartirla) que se pueden esgrimir. Pero no podemos perder de vista que el problema no procede completamente de Conselleria, sino del Ministerio que ha iniciado un camino sumamente polémico.

2. Esto me lleva a la conclusión. ¿Podemos identificar Ciudadanía y Filosofía? No podemos dar esta tesis por válida sin someterla a una crítica exhaustiva. Ya digo que hay filósofos actuales contra esta tesis, aunque con motivaciones y fundamentos muy diversos. En Madrid consideran que la EpC constituye la implantación de una ideología capitalista, y que luchar contra ella significa en el fondo luchar contra tal ideología. Otros ven en la objeción católica a esta propuesta un ejercicio de libertad frente a cierta tendencia “paternalista” del Estado, con lo que se trastoca el esquema sociedad abierta – sociedad cerrada de Popper.

Además, tampoco se puede decir sin más que no parece legítima la objeción a la materia cuando algunos tribunales la están amparando. No voy a entrar a valorar ahora a esos tribunales. Yo no creo que se pueda adoctrinar en una hora a la semana (ni en dos), ya lo digo. Tampoco creo que los profesores, y menos los de Filosofía, puedan, e incluso sepan, adoctrinar (porque entonces será un pésimo profesor de Filosofía, más bien no será profesor, sino otra cosa), pero claro, el panorama del profesorado de Filosofía también está como está. Todo este tema exige mucha precaución, mientras los tribunales no lleguen a acuerdos . Y en eso tardarán años.

Y por ello adopto una posición mucho más pragmática. Si la EpC ha generado tanto debate, que se suprima. Que se consideran importantes estos contenidos, no hay problema. La materia de Ética ya impartía muchos de ellos, y no llamaba la atención. Que se extienda la Ética a los cursos inferiores de la Secundaria e incluso de primaria. Que se consensúen los contenidos y se implante. Ya lo estaba cuando era alternativa a la religión en todos los cursos anteriores, y no hubo polémica cuando se independizó. Nadie (¡nadie!) critica sus objetivos, contenidos, metodología y criterios de evaluación.

Esto es práctico porque evita meterse en el tema de si es adoctrinadora o no, bla, bla. Nadie negará que la Ética forma parte de la Filosofía, y que le pertenece por naturaleza (bueno, esto es muy osado, siempre habrá alguien). Si lo que se quiere es dar trabaja a los de Derecho de la Carlos III, pues bienvenidos a las materias tradicionales.

La lucha de la EpC no es necesariamente la lucha de todos los filósofos, ni nuestra lucha es solo contra Conselleria, ni contra los fundamentalistas. Es una lucha por que se recupere el sentido común en el sistema educativo. No podemos obviamente mirar hacia otro lado, hay que luchar cuando se reducen horas de nuestras materias, cuando se nos amenaza con más opciones b en otras materias, y parece que se pretende sustituir a los filósofos por los formadores de la Ciudadanía. Hay que luchar con todas las armas que tenemos. Con la razón.
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Angelus
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« Reply #2 on: 15 de July de 2008, 01:24:53 pm »

Me quedo perplejo cuando  escucho a alguien (filósofo) decir que defender EpC es defender la filosofía. Lo mismo que no lo es aumentar la horas de psicología, ni ofrecer “las ciencias para” a los departamentos de filosofía. Esas medidas pueden aliviar a corto plazo la situación de algunos profesores, pero empeoran la situación de la  filosofía y la encaminan a su desaparición. La única defensa de la filosofía es mantener sus horas en bachiller, si estas se mantienen entonces tendría sentido –y sería valioso-  introducir disciplinas afines a la filosofía y que permitan puentes con otras disciplinas. Pero introducir la Epc,” las ciencias para, inclusive sociología, y psicología a costa de la filosofía es simplemente trabajar para la desaparición de ésta. Desde luego, comprendo, que aquel que piensa que su labor como profesor es transformar la sociedad (también debe tener una idea sobre el resultado de esa transformación) comprendo que a esta persona le interese más la EpC que la filosofía.

Estoy de acuerdo, Ángel, con tus reflexiones acerca de la ética, y con el resto de tus conclusiones. Y es que la EpC es a todas luces una disciplina prescindible, todos sus contenidos estaban perfectamente presentes en ética, historia, optativas con habilidades sociales, tutorías etc.. Y si algún tema, cuestión, problema no lo estaba, bastaba con haberlo introducido en los currículos pertinentes. Pero no, se ha preferido meter con calzador, contra viento y marea el engendro de turno.. y además a costa de disciplinas clásicas bien asentadas y sin polémica. ¿Es eso un error, un fallo de cálculo? No, es algo bien meditado y acorde con la visión que algunos tienen de la educación:

Leer  2084 El ocaso del conocimiento http://antesdelascenizas.blogspot.com/2008/04/2084-el-ocaso-del-conocimiento.html
        Expediente 3423 
http://antesdelascenizas.blogspot.com/2008/04/2084-expediente-3423-emociones-pblicas.html

Enhorabuena por el foro, esperemos que pronto se convierta en un lugar activo e importante para el debate filosófico. Habrá que esperar, sin embargo, al final del verano.
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Agustín Zaragozá
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« Reply #3 on: 15 de July de 2008, 03:45:27 pm »

Apreciados compañeros:

Como autor del artículo al que se hace referencia, quiero aclarar un punto, no sin antes mostrar mi casi total conformidad con el análisis del compañero Ángel. No obstante, hay algo que me preocupa: no defiendo la EpC. Defiendo mayor presencia de la Filosofía en todo el sistema educativo, muy especialmente en Bachillerato. Quiero que la Filosofía no quede reducida a dos cursos, y de algún modo, EpC, podría haber sido una ampliación de la Ética. Me parece necesario que reinvidiquemos nuestro papel en la sociedad y mucho más en el sistema educativo. ¿Gremialismo? No creo, aunque en parte tal vez. A mí me apasiona la Filosofía y me entristece verla maltratada en nuestros planes de estudios.

Abrazos,

Agustín Zaragozá
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Angel
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« Reply #4 on: 15 de July de 2008, 06:17:08 pm »

Debo decir que leyendo lo que he escrito me parece admirable hayáis consumido el tiempo en hacer un repaso a tan largas parrafadas. Trataré de moderarme la próxima vez. Agradezco los comentarios, y en especial el de Agustín. A ver si podemos definir con claridad líneas de acción para el curso próximo. Ahora nos tocará pensar en la posibilidad de impartir Ciencias para el Mundo Contemporáneo. Aunque nosotros lo defendimos en el manifiesto, toca hacer una reflexión profunda. Por cierto, esta era una posibilidad remota y poco probable, y de repente se ha convertido en una posibilidad real.
Esto nos puede enseñar que cualquier cosa es posible. Un abrazo.
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Andrés
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« Reply #5 on: 17 de July de 2008, 08:49:04 am »

Me da la impresión de que Ángel está introduciendo en su análisis de la EpC una distinción que, sin duda, es imprescindible; me refiero a la distinción entre un plano “técnico” y un plano “ideológico”. Manejando esta distinción, parece que Ángel quisiera proponernos algo así como lo siguiente: “siendo imposible alcanzar un acuerdo en el plano “ideológico”, es necesario, en cambio, llegar a un consenso en el plano “técnico”, a saber: desde un punto de vista “técnico”, todos podemos defender la abolición de las asignaturas de “Ciudadanía”, pues en este plano “técnico” (cualquiera que sea la posición que se fije en el plano “ideológico”) la introducción de estas asignaturas ha resultado tener consecuencias indeseables para el gremio de profesores de filosofía.

Así pues, si no me equivoco, Ángel nos propone un consenso sin acuerdo. Y nos propone esto porque está disociando formalmente dos planos que son materialmente inseparables. Es lógico que esta sea la posición de Ángel, pues él ha puesto a funcionar una institución y desea integrar en ella al mayor número posible de gente.

Mi posición ante la cuestión de la EpC no es coincidente con la de Ángel, pero me sumo al consenso que él nos propone: abolición de las asignaturas de EpC (Educación para la ciudadanía y los Derechos Humanos y Educación ético-cívica en primaria y secundaria; Filosofía y Ciudadanía y Ciencias para el Mundo Contemporáneo en bachillerato)

un saludo a todos,
Andrés.


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Antonio
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« Reply #6 on: 22 de August de 2008, 01:30:11 pm »

Dos detalles me gustaría comentar a propósito de la entrada de Agustí Zaragozá, y que me parece que constituyen la claves de la pedagogía política, acrítica, que disfrutamos en estos momentos tan democráticos.
En primer lugar, Agustí asevera sin parar mientes que los profesores son los que entienden de educación. Y yo no sé que les ocurrirá a los demás (si, por ejemplo, el profesor de Matematicas cuando explica cálculo diferencial tendrá una conciencia plena de su “acción educativa”) pero lo que sí se, porque me compete como profesor de Filosofía, es que mi disciplina se inaugura con la negativa argumentada de los filósofos atenienses a confundir “enseñanza” y “educación”, como principio fundamental del giro intelectual que caracterizará a un nuevo modo de “paideia”. La demostración de que la virtud no se puede enseñar es fundamental para entender el oficio de filósofo y la formación del ciudadano libre, y quien no alcance a comprenderla no debería ser licenciado en Filosofía, y mucho menos profesor. Por supuesto, algunos llevamos ya veintitantos años peleándonos a propósito con los funcionarios pedagogos de la Administración, que han pretendido –y políticamente lo han logrado- convertirnos en “educadores”, pero, aún así, esto no quita para que todavía se les pueda decir que sus razones son bastardas y dogmáticas.
En segundo lugar, se utiliza para caracterizar los valores de estos tiempos la contraposición popperiana entre “sociedades abiertas” y “sociedades cerradas” (y se pone entre paréntesis el nombre de Platón, como ya insinuara el mismo Popper, para señalar la autoría apologética de éstas últimas). No es momento de extenderse en la debilidad teórica de esta caracterización. A Popper, que lo que demuestra en el famoso texto es sobre todo su incomprensión total de la cultura griega clásica y su falta de conciencia crítica del capitalismo moderno, se le ha machacado esta chorrada en un millón de textos... No me detendré porque hay algo mucho más interesante que se manifiesta en el uso de esa referencia. Lo podemos llamar el “maniqueísmo imperante”. O sea, la reducción del caso a la dualidad progresistas/conservadores, éticos/obispos, talantosos/forenses, los míos amigos/los otros enemigos, los de mi tribu/los de la tribu de enfrente, los del PSOE/los del PP, los del buen rollito/los crispados, machistas/feministas, homos/heteros, etc, etc, etc... Esto es, un maniqueísmo que constituye la antítesis de cualquier tipo, aunque sea el más ínfimo, de pensamiento filosófico, que constituye la imposibilidad inmediata del único pensamiento verdaderamente plural que hemos pergeñado: la reflexión filosófica, llamada por Platón “dialéctica” (término que, curiosamente, define el procedimiento de comprensión de la realidad de una “sociedad abierta”).
Pienso que todas las cuestiones referentes a lo que significan las nuevas asignaturas propuestas por la pedagogía política se ponen sólidamente de manifiesto si uno atiende, con la mayor humildad, al magisterio de aquellos que han demostrado con suficiencia su capacidad para afrontar esas cuestiones filosóficamente, y en nuestro país resulta que pocos parecen capacitados para la tarea, aunque para subsanar tal carencia nos quede, menos mal, siempre la posibilidad de leer a Gustavo Bueno (remito a mi blog: http://desdelacavernadeplaton.blogspot.com/2008/06/desde-el-punto-de-vista-filosfico-los.html).

Un saludo a todos.
Antonio Sánchez
Profesor de Filosofía
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Angel
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« Reply #7 on: 01 de September de 2008, 11:50:44 pm »

Ha habido dos entradas que me gustaría comentar. La primera es la de Antonio. Éste, a raíz del texto de Agustí Zaragorá, afirma:

Quote
La demostración de que la virtud no se puede enseñar es fundamental para entender el oficio de filósofo y la formación del ciudadano libre, y quien no alcance a comprenderla no debería ser licenciado en Filosofía, y mucho menos profesor.

Esta demostración la remite a “los filósofos atenienses”. Sin embargo no estoy convencido, en lo más mínimo, de que nuestro oficio en el aula sea el de filósofos en sentido “ateniense”. Primero porque cobramos por nuestras enseñanzas, lo cual no es accidental en absoluto, segundo porque seguimos un temario impuesto por el gobierno (que es básicamente quien nos paga) con ciertos márgenes de libertad que nos arrogamos. Existen muchas otras diferencias entre ese modo de hacer filosofía y el de nuestra docencia en el aula. Básicamente nuestra labor se corresponde más a la de los sofistas que a la de los filósofos. Esto es intrínsecamente polémico, alguno dirá que eso depende del profesor, otros que de su ideología, otros que de algún error de nacimiento, formación o genética, etcétera etcétera (el texto de Gustavo Bueno ¿Qué es la filosofía? es a este respecto imprescindible: http://www.filosofia.org/aut/gbm/1995qf.htm). Otra cosa es que nuestra actividad y titulación entronque con la filosofía ateniense, algo evidente. Quizá sea una cuestión de grado. Dado que no estoy convencido, no sé si entraré en la categoría de los que no deberían ser licenciados, y mucho menos profesores.

Sin embargo estoy completamente de acuerdo en el segundo punto del texto de Antonio referido al maniqueísmo. Existe sin embargo, un problema, y es la capacidad para identificar a los maniqueos.

Respecto al texto de Andrés, diré que su interpretación es correcta. Los argumentos presentados contra la EpC y las CCpMC son técnicos (yo los he llamado "objetivos" tal vez osadamente), no ideológicos. Asumo también que alcanzar un acuerdo en este otro plano es imposible. Y es esto es así porque, si se acepta que la materia de EpC tiene un sustrato político, en el este plano no caben ese tipo de reconciliaciones (sería algo así como conseguir una especie de "paz social", ¿o una desaparición de todas las clases sociales?). Tampoco en el plano filosófico caben acuerdos definitivos. Es más, puede que la filosofía misma funcione por los conflictos recíprocos entre diferentes teorías o concepciones o sistemas. Se me ocurren dos perspectivas diferentes que se podrían adoptar. La primera, de tendencia materialista, como la del interesante texto de Juan B. Fuentes Ortega titulado "El papel de la Filosofía en el conjunto de la cultura" (http://www.filosofia.net/materiales/num/num16/Papel1.htm). No es lugar para desarrollarla. La segunda, de tendencia liberal, como la de Rawls, que trata en todo momento de prescindir de las teorías generales para plantear a partir de las asunciones imperantes en la sociedad de lo que denomina “equilibrio reflexivo”, y poder alcanzar lo que Andrés, con estilo, denominó “consenso sin acuerdo”. También cabría decirse mucho al respecto de esta teoría, pero no es pertinente.

En efecto, mi propuesta es la de un consenso sin acuerdo, pero no como la de Rawls, como cualquiera podría señalar. Sin embargo, Andrés justifica mi propuesta en que:
Quote
él ha puesto a funcionar una institución y desea integrar en ella al mayor número posible de gente.

Este es un argumento ad hominem, creo. Esto no hace sino acrecentar mis dudas sobre si pertenezco a la clase de los que no deberían ser licenciados y mucho menos profesores, en la medida en que mis propuestas no son evaluadas por su valor filosófico, sino solo institucional.
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Andrés
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« Reply #8 on: 02 de September de 2008, 11:42:22 pm »

Estimado Ángel:

No hay por mi parte ninguna "evaluación" o "valoración" ad hominen añadida a la "interpretación" que hice de tu propuesta (que, sin duda, para mí es filosófico-ideológica, y por tanto, también institucional). Creo que lo de la "valoración ad hominen" lo añades introduciendo ad hoc un juicio sobre intenciones. Pero mi comentario versaba integramente sobre lo que piensa Ángel, y no sobre lo que yo pienso sobre Ángel ( a cerca de si merece pertenecer a esta o aquella clase....etc).

Un abrazo,
Andrés.
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Antonio
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« Reply #9 on: 08 de September de 2008, 12:35:31 pm »

Cito a Ángel:

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Esta demostración la remite a “los filósofos atenienses”. Sin embargo no estoy convencido, en lo más mínimo, de que nuestro oficio en el aula sea el de filósofos en sentido “ateniense”. Primero porque cobramos por nuestras enseñanzas, lo cual no es accidental en absoluto, segundo porque seguimos un temario impuesto por el gobierno (que es básicamente quien nos paga) con ciertos márgenes de libertad que nos arrogamos. Existen muchas otras diferencias entre ese modo de hacer filosofía y el de nuestra docencia en el aula. Básicamente nuestra labor se corresponde más a la de los sofistas que a la de los filósofos. Esto es intrínsecamente polémico, alguno dirá que eso depende del profesor, otros que de su ideología, otros que de algún error de nacimiento, formación o genética, etcétera etcétera (el texto de Gustavo Bueno ¿Qué es la filosofía? es a este respecto imprescindible: http://www.filosofia.org/aut/gbm/1995qf.htm). Otra cosa es que nuestra actividad y titulación entronque con la filosofía ateniense, algo evidente. Quizá sea una cuestión de grado. Dado que no estoy convencido, no sé si entraré en la categoría de los que no deberían ser licenciados, y mucho menos profesores.

Disculpa, Ángel, la violencia de la expresión, sin más intención que la meramente retórica. El asunto que me preocupa es la tendencia que tenemos en los últimos tiempos a aceptar el lenguaje de los pedagogos, cuando la mayor parte de los términos que nos han proporcionado a golpe de decreto-ley no pasarían un tribunal de alumnos de Primaria. La monserga aquella de que "todos somos educadores" ha servido para desorientar una profesión, la de profesor de Instituto (tan sofística y mercenaria como cualquier otra), hacia territorios ignotos, muchas veces imposibles y en algunos casos manifiestamente tramposos (véase cómo se está dotando de profesores a la supuesta "Enseñanza bilingüe", predicada como solución milagrosa de nuestro sistema caótico de Enseñanza).
Gustavo Bueno ha destacado muchas veces en sus últimos escritos la dificultad lógica de "enseñar la virtud", ya sea de manera altruísta o cobrando. Los esfuerzos que desde el Gobierno se vienen realizando para introducir en la Enseñanza una "pedagogía política", de la que se sienten orgullosos nuestros próceres, que han manifestado públicamente a voces sus intenciones de educar a la población mundial en sus principios democráticos (y hay que ver cómo se las gasta el profesor Bueno cuando arremete contra tales principios http://www.nodulo.org/ec/2007/n062p02.htm), deberían haber recibido una respuesta más firme por parte de los profesores de Filosofía a los que les iba a caer la responsabilidad docente de esta mandanga. El caso es que el único interlocutor válido que el Gobierno aceptó (o eligió) fue Rouco. Y a mí, ¡qué quieres que te diga!, la cháchara televisiva entre el predicador de la democracia planetaria, adalid de la progresía bien pensante (José Antonio Marina) y el predicador de las glorias del Cristianismo (señor Rouco) me ha dado una grima que ni con Alka Setzer...
Un saludo Ángel, y buen comienzo de curso.
« Last Edit: 08 de September de 2008, 12:51:57 pm by Antonio » Logged
Angelus
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« Reply #10 on: 22 de September de 2008, 08:43:37 pm »


Algunas cosas que pueden leerse en internet sobre EpC,y que abundan en lo que muchos pensamos:

Comienza un nuevo curso. En Levante la polémica que se arrastra desde la pasada primavera a finales del último curso, en latencia durante el verano y que renace virulenta en el ya inminente otoño, atañe al maridaje entre Ciudadanía (EpC) y la lengua inglesa. Me trae al pairo la lengua en que se imparta semejante bodrio. El humo de sacristía ha enmascarado la cuestión esencial; junto a la nueva asignatura aparecen cambios en la denominación de otras materias, Ética pasa a denominarse Educación ético-cívica, Filosofía es ahora Filosofía y ciudadanía (con una hora lectiva menos en algunas comunidades), ¿qué se ha mejorado con semejantes mudanzas en las nombres? o mejor ¿qué ha cambiado con tales trueques?, podríamos pensar que nada, que esos cambios no alteran nada esencial.. (salvo esa horilla que pierden algunos).

Lo cierto es que esos cambios apuntan a algo esencial:

Mi impresión es que esos “algunos” están en peligro de perderlo todo. Me explico; ¿cuál es el denominador común (temático) a esas materias en la nueva regulación?: la ciudadanía. No es la filosofía , y por tanto: ¿por qué debería adscribirse al departamento de filosofía?, ¿no sería más coherente crear el departamento de Ciudadanía?, ¿no se estará creando ya solapadamente?, ¿ con todos esos cambios (pretendidos inocentes) de nomenclatura no se está convirtiendo la presencia de la filosofía en una miserable excrecencia?.

Los artífices de este entuerto –sibilinos ellos- nos desorientan con la espesa niebla que crean a costa del humo de las sacristías. Y nosotros al trapo, oiga.


http://waldenland25.blogspot.com/
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« Reply #11 on: 17 de January de 2009, 07:22:26 pm »

Andrés González, miembro de la SFPA, ha escrito un interesante análisis sobre las Ideas de Ciudadanía y Filosofía en el Catoblepas. Dejo el enlace: http://www.nodulo.org/ec/2009/n083p11.htm

Saludos.
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